La ambición sin fin de Pau


En la aristocracia de la NBA de la última década, Pau Gasol ocupa en lugar destacado. Se lo ganó al ser pieza clave de los dos últimos anillos logrados por los Lakers. Y a pesar de tocar techo como campeón, como All-Star y tras 170 millones ganados en su carrera, con una liga que ha convertido a los pívots casi en rarezas, Pau no está listo para desvanecerse en un segundo plano a sus 36 años.

La elección de Pau Gasol de firmar por los San Antonio Spurs es consecuente con su posición de alta burguesía en el baloncesto estadounidense. Los Spurs están considerados como la mejor franquicia de la NBA en términos de proyecto deportivo, y Gregg Popovich como el técnico capaz de disputar a Phil Jackson un lugar entre los mejores de todos los tiempos. A sus órdenes se pondrá Pau junto a los veteranos Tony Parker y Manu Ginobili y de la estrella LaMarcus Aldridge, dispuesto el catalán a mitigar el vacío que dejará la leyenda Tim Duncan, camino de la inminente retirada.

Pero la elección plasma también una ambición sin fin. Gasol tiene un tercer anillo entre ceja y ceja. Por eso se fue a Chicago hace dos temporadas cobrando una cantidad sensiblemente inferior a su cotización (unos 7 millones de dólares por año). Los Bulls fracasaron la pasada primavera y Gasol salió a un mercado donde el dinero se tiene por castigo. Abrochó 30 millones de San Antonio cuando Portland le ofrecía 40. Menos efectivo cerca del aro, convertido en amenaza desde media y larga distancia, envidiado pasador y voz autorizada en el vestuario, Pau Gasol sigue buscando retos.

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