Dicen de los equipos italianos que difícilmente morirán de un ataque. En otro contexto, hay un chiste sobre sus tanques, de los que se comenta que tienen cinco marchas hacia atrás y una hacia delante, esta última por si el ataque llega desde la retaguardia. Pero, chascarrillos aparte, lo que nadie discute es que la Azzurra es siempre un mal enemigo, porque maneja con destreza el arte de competir, a partir de su fiabilidad defensiva. Y así lo indica su palmarés, con cuatro títulos mundiales. En Europa, sin embargo, conquistó la gloria en una ocasión, y en otras dos se quedó a las puertas. La última, precisamente, ante España, hace cuatro años. Si uno hace memoria sobre los jugadores ilustres de Italia, vienen a la cabeza futbolistas de toque como Del Piero, Pirlo o Baggio. Pero son más los de corte defensivo, como Maldini, Cannavaro, Tassoti, Tardelli, Gentile (el de los marcajes a Maradona) o Baresi, todos jugadores más de quite que de fantasía. En la selección actual no hay muchos nombres de primera línea en el concierto internacional. Es un equipo al que no le importará correr hacia atrás para guardar la ropa. Sabe hacer daño, y que nadie se engañe. Italia podrá estar mejor o peor, pero siempre compite. Es su esencia.