España alumbra a su Phelps

antón bruquetas REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

César Castro, con solo 17 años, asombra en los nacionales de Sabadell. Consiguió 15.08,01, mínima para los Juegos de Río.

23 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Como María Vilas y Bea Gómez, es un producto de esa deslocalización de los centros de tecnificación que en los últimos años ha evitado que una notable cifra de talentos se diluyan sin que nadie les haya prestado la suficiente atención. A César Castro (Plasencia, 1999), el chico de 17 años que asombró a toda España en el Open de Primavera que ayer concluyó en Sabadell, lo pulieron Castor Calle, en su ciudad natal, y Serafín Calvo, en Cáceres, a una hora de camino por la A-66. Su figura alargada, espalda imponente y brazos afilados están diseñados para abrir el agua.

Y eso es lo que pareció cuando se lanzó a la piscina para completar un 1.500 libre memorable. A su lado Marc Sánchez y Antonio Arroyo empezaron marcando un ritmo desbocado. Nunca les perdió de vista los pies. Fue controlando. Dicen quienes lo conocen que cuando va bien le gusta jugar en mitad de las pruebas. De pronto, acelera, cambia, y luego guarda aliento para lanzar su último ataque. Y eso es lo que hizo al paso del 800. Sánchez y Arroyo se le soldaron a los pocos metros y lo volvieron a sobrepasar y ahí empezó pagarlo. Empezó a pelear contra sí mismo, frente a la posibilidad de venirse abajo.

Sabía que debía sufrir para tener opciones. Y justo en el instante en que ya parecía que perdía ese segundo que en muchas ocasiones se convierte en la frontera infranqueable, César Castro volvió a emerger. Lo hizo pletórico. Puso al público en pie. Rebasó a Marc Sánchez y se lanzó a por la pared. 15.08,01, mínima para los Juegos de Río.

Pero lo más impresionante del registro es que tan solo seis meses antes había llegado al Campeonato del Mundo Júnior en Singapur con 15.24,02. Un mordisco sideral para quien salió subcampeón en el 800 en aquella cita planetaria, en la que se había presentado con un tiempo discreto de 8.09,24, lo que le obligaba a nadar en las series más lentas y sin referencias. Salió con la medalla de plata y un portentoso 7.57,21, mejor marca nacional de 16,17 y 18 años.

«Tiene muchísimo talento. Lo ves nadar e impresiona. El final que tuvo en el 1.500 libre es de nadador con mayúsculas», comenta Luisa Domínguez, entrenadora del Centro de Tecnificación Deportiva de Pontevedra. Su repertorio recuerda -salvando las distancias con la medallista olímpica- al de la prodigiosa estadounidense Katie Ledecky. Un «librista» de los pies a la cabeza. En el nacional de Sabadell solo se saltó el 800, pero también brilló en el 200.

Ayer le tocaba el 400, en el que le empezaron a pesar los días de competición y la edad. Había ensayado un cambio a partir del 200, pero cuando alcanzó los cuatro largos ya iba muerto. No solo había perdido la referencia de Antonio Arroyo, que también nadaba a su lado, sino que la cabeza que ocupaban Marc Sánchez y Miguel Durán ya estaba a más de tres segundos de diferencia. A partir de ahí se dejó llevar. El trabajo ya lo había hecho dos días antes cuando se metió entre ceja y ceja que este verano no habría descanso, le tocaría exprimirse en Brasil.