El actual sistema de clasificación de la Copa, que concede plaza a los ocho primeros al final de la primera vuelta, apenas permite el acceso a invitados de poco rango. Obviamente, el que juega de local, y de vez en cuando algún héroe, papel que cumple en esta edición Fuenlabrada. Su cruce contra el Real Madrid parece el menos atractivo. ¿Quién duda de la victoria de los blancos? Pero no olvidemos que hace pocas fechas perdieron en el Fernando Martín. Hay una curiosidad en la ACB: los equipos que acaban una Liga en puestos de descenso, aunque las duras condiciones de acceso los salven, al año siguiente forman buen equipo. Es el caso de los fuenlabreños. Y a un partido pueden ser un dolor de cabeza. Y más cuando el Madrid no acaba de dar sensación de solidez. Es curioso, pero los dos equipos dependen en exceso del tiro exterior y eso es una lotería.
En el Real Madrid, nadie ha suplido la actividad y espíritu defensivo de Slaughter, Felipe ha tenido demasiados problemas y Ayón carga prácticamente con todo el peso interior, justo donde parece que los blancos deberían de sentar las bases de un triunfo cómodo. Ahí y en la defensa de Tabu y Popovic. Nadie duda que la diferencia de recursos y potencial es insultante, pero las sensaciones siembran dudas sobre el campeón de todo el último año. Sin ir más lejos, el domingo volvieron a sufrir ante Gipuzkoa. Le duran poco las ventajas, se distraen fácilmente y dependen en exceso del talento de sus individualidades. ¿Es el favorito? Sin duda. Y, además, ese ambiente mágico de la Copa del Rey influye en contra del modesto, poco acostumbrado a tanto lujo y oropel en su día a día.
Parece un partido con poco atractivo, y puede que lo sea si el Real Madrid sale a jugarlo sin esforzarse, si vaguea y es presa de largas distracciones. Y, por supuesto, si se dedica a mirar en lugar de defender a los tiradores. No diré que haya partido, pero ya veremos.