River, de la B al cielo

Xurxo Fernández Fernández
Xurxo Fernández REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

Los futbolistas del River celebran la histórica conquista de la Copa Libertadores.
Los futbolistas del River celebran la histórica conquista de la Copa Libertadores. martín acosta < / span>reuters< / span>

El equipo de la franja gana la Libertadores cuatro años después de descender

07 ago 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

«Noooo, noooo... ¡¡¡Estamos en la B, estamos en la B!!!». Hace cuatro años, al Tano Pasman le sobró un partido para convertirse en la cara (y la voz) del drama millonario. No esperó siquiera al duelo de vuelta de la promoción contra Belgrano para retorcerse en el sofá proclamando el descenso de su equipo y maldiciendo a voces su propia estirpe. «Y mi viejo, que me hizo de River», recordaba a gritos tras mentarle la madre a cuanto jugador con la franja entró en contacto con la bola. El vídeo, grabado por un hijo de Santiago (comercial de imprenta de 52 años) se hizo viral y el protagonista pasó semanas oculto mientras se consumaba en el Monumental la tragedia deportiva y la familia daba largas a cuantos medios de comunicación llamaban a una casa del barrio de Bella Vista para charlar con el hincha gallina más famoso.

Ayer no fue tan difícil sacarle unas palabras al Tano. «Hoy me duele todo, porque estoy viejo para los festejos, pero estoy feliz de la vida», aseguraba Santiago en una emisora de radio argentina (Radio 2) tras regresar del estadio en autobús.

Allí había visto a su equipo completar una resurrección única que llevó al conjunto porteño del primer descenso de su historia a ganar la tercera Copa Libertadores en 114 años de vida.

El encuentro definitivo

Cómoda victoria ante Tigres. La fiesta del Monumental se vivió sobre todo en el segundo tiempo del choque de vuelta de una final desequilibrada. Los Tigres de Monterrey aguantaron el tipo, e incluso llevaron el mando del encuentro, casi hasta el descanso. Pero como en la cita celebrada en México (cerrada con empate sin goles) a los felinos les faltó puntería y los gallinas supieron esperar su momento. El 1-0 llegó en el minuto 44 y lo firmó Lucas Alario, ejemplo del resurgir millonario por cuanto tuvo que abandonar de golpe su papel de secundario para brillar en la recta final del torneo.

El joven ariete (22 años) fue la solución de emergencia cuando Teófilo Gutiérrez dejó a su equipo compuesto para irse al Sporting de Lisboa antes de que se disputaran las semifinales de la competición. Un penalti transformado por Carlos Sánchez y el definitivo gol de Funes Mori, a doce minutos del final, cerraron la excesiva goleada y desataron la locura entre una hinchada que pasó la noche festejando y aseando un poco aquella imagen de finales de junio del 2011, cuando asoló los alrededores de la cancha de River tras la pérdida de categoría.

Reforma absoluta

Maidana, único testigo. Apenas quedan testigos en el plantel de la franja de aquel día de la vergüenza. Jonathan Maidana formó entre el once que no consiguió remontar el 2-0 cosechado en Córdoba por Belgrano y a sus 30 años es uno de los rostros más reconocibles de entre los que ayer alzaron la copa. La segunda en su haber, porque el central ya había ganado una al servicio del eterno rival, Boca Juniors.

Tras su fallida aventura europea (jugó una temporada en Ucrania) fichó por River en el 2010 y hoy es el gran referente de una zaga que solo encajó dos goles en los siete encuentros de eliminatorias que disputó el equipo porteño durante la competición -el segundo choque contra Boca se suspendió por incidentes en La Bombonera-.

El sello del muñeco

Gallardo, el cerebro del éxito. Marcelo Gallardo, el Muñeco, ganó sobre el césped la penúltima Copa Libertadores alzada por la gente de la franja, en 1996. La última la conquistó desde el banquillo, convertido en uno de los principales motivos del éxito de su equipo.

Llegó para reemplazar a Ramón Díaz y su triunfo ha sido tan incontestable que ya empieza a sonar como próximo seleccionador argentino. Tuvo el mérito de sacar punta a futbolistas de primera fila como Ramiro Funes Mori o Kranevitter, y reciclar al mismo tiempo a jugadores que estaban de vuelta como Ponzio. Su último logro individual: el sorprendente paso al frente de Alario. El enorme logro colectivo lo celebró ayer junto a 70.000 entregadas gargantas que atronaron en el Monumental. Entre ellas, la del Tano Pasman, inusualmente comedido: «Yo en la cancha no puteo; solo insulto en casa».