La perfección era esto


Uno a un nivel altísimo, pero otro rayando la perfección. Solo así se explica la imagen final de Andy Murray (otras veces más contrariado) al estrechar la mano de Roger Federer. Recordó el gesto de Boris Becker al caer ante Pete Sampras y confesar que al fin había encontrado a alguien netamente superior ante el que nada podía hacer. ¿Qué hizo mal el británico? Nada. ¿Se descentró pese a las adversidades del marcador? Apenas; tan solo un instante al volverse hacia su banquillo al final del segundo set como un desahogo. Centrado, desplegó su mejor repertorio, pero, enfrente, vio la perfección, o casi, en un partidazo.

Esperábamos a dos jugadores en plenitud de forma, dos estrellas de la hierba y que arrastran una sana rivalidad que incluye un previo 12-11 y dos finales en Wimbledon. Ambos se sentirían en casa: uno por británico y otro por el amor del público local. Ambos siguieron su hoja de ruta. Federer necesitaba un alto porcentaje de primeros saques, atacar los segundos de su rival, jugar con agresividad y sumar puntos en la red. Murray debía endurecer el partido, centrarse en contragolpear y mover a su rival. Ambos lo consiguieron, pero solo uno podía ganar.

Vimos porcentajes del 80 y el 90 % de primeros servicios en el primer set. Un detalle lo desniveló, pues con 5-5 Murray hizo un par de subidas algo alocadas a la red.

En la segunda manga fue algo más superior Federer, volcándose con restos agresivos sobre el segundo saque de Murray. Tuvo más oportunidades de break hasta que llegó un instante mágico. Con 5-4 y 0-40 para Roger, Andy levantó cinco bolas de set en un interminable y delicioso juego. Levantó la situación el escocés, pero eso no impidió que volviese la mejor versión del genio suizo. Con 5-5 enlazó dos juegos impecables: uno en blanco con una lección de servicios y otro con valentía y precisión.

La clase de saques de Federer resultó tremenda, no solo por lograr 20 aces, sino por la versatilidad de sus recursos, impecable del primer al último intento. Ya en el tercer set, el suizo buscó puntos cortos, jugó agresivo y siguió moviéndose por la pista como si flotase. Nada que reprochar a Murray, que insistía en mover a su rival, en desgastarlo para hacerlo algo vulnerable. Tras otro inicio igualado, en el 4-4 relució el revés del maestro. Una fantasía de partido en un escenario maravilloso.

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