Microcuento


Hay tres tipos de jugadores: técnicos, físicos y listos. A veces el Señor se equivoca y concede los tres dones a un jugador. Cuestan mucho dinero, pero Bilbao los tiene: Raul y Mumbrú, jugadores capaces de leer las defensas alternativas del Obradoiro, encontrar las ventajas y, lo más importante, meterlas. Si, además, salen centrados y agresivos en defensa sabiendo que está en juego el factor cancha para el play off, la diferencia entre los dos equipos se palpa en la cancha.

El Obra no encontraba buenos tiros y, salvo Adam, fallaba los que tenía. La impotencia ante la defensa negra y la permisividad arbitral creó un estado de ansiedad que nos llevó a ataques menos elaborados y a errores defensivos y, oliendo la sangre, Raúl López entró a matar.

Tras el descanso hubo un intercambio de canastas que beneficiaba a Bilbao pero llegaron la cuarta de Raúl y Todorovic, Adam recuperó el acierto y la caldera entró en ebullición.

El Obra creía, Sar creía, los árbitros ya no pitaban (total no se les oía)... pero Bilbao encontró dos triples inverosímiles y soñó que el partido estaba ganado.

Cuando despertó, Obradoiro estaba allí.

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