El Laracha empató en segundos con el Pontevedra, que luego lo rebasó
23 mar 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Pasó por todas las fases el partido que disputó ayer el Pontevedra en casa frente al Laracha. Desde la normalidad del equilibrio que trajo consigo el empate que caracterizó el primer tiempo hasta los tres goles que los granates metieron a un rival que tan solo podía defenderse con diez jugadores tras la expuslión de Elmer. Entre medias, el 2-1 que ponía algo de justicia en el encuentro y, principalmente, a la actuación de Carnero.
Fue un partido emocionante por lo concentrado de sus jugadas clave, que permitió mantener a la afición de Pasarón en vilo hasta los últimos minutos de partido. Comenzó con calma el encuentro, en un ambiente soleado que llenó las gradas algo más de lo habitual. Apenas se registarron jugadas de relevancia hasta el minuto 13, cuando Centrón recoge un taconazo de Carnero y mete el primer tanto. La alegría de Pasarón se convirtió en confianza y, antes de que los granates pudieran reaccionar, Dani Bea se había metido en la portería de Edu, igualando el marcador en cuestión de segundos.
La desconfianza intentó entonces hacerse un hueco entre las filas pontevedresas, que regaló, eso sí, momentos como la media chilena con la que Carnero intentó volver a descompensar el luminoso a su favor. Las jugadas fueron múltiples y, en algunos casos, dignas de convertirse en gol. No solo por parte del Pontevedra. También el Laracha hizo sudar a los locales, creando ocasiones claras que podrían haber dado la vuelta al marcador y que despejaron desde el propio Edu hasta Carnero.
Con uno menos
El nerviosismo se reflejó sin remilgos en el número de faltas y su intensidad. Las entradas fueron descaradas e intencionadas en su mayor parte y, aunque el árbitro traía ya consigo fama de tarjetero, ninguna de las cartulinas que mostró fue injustificada. En todo caso, pudo faltar alguna, o incluso haber cambiado el amarillo por el rojo a Campillo en el minuto 49 por lanzarse sobre el rival sin tener ya opción de llevarse el balón, que andaba por entonces entre otros pies. Aún así, abundaron los ataques por ambos flancos. Hasta que Elmer sumó dos amarillas y dejó a su equipo con uno menos sobre el césped.
Tardó el Pontevedra unos 25 minutos en sacar verdadero provecho de la situación, ya que desde el empate los coruñeses intentaban guardar las pocas fuerzas que les quedaban para dejar pasar el tiempo mientras intentaban blindar su portería.
De ahí el mérito de Carnero y de su elegante vaselina en el minuto 87, que se convirtió en el segundo tanto del Pontevedra y, por lo tanto, en su victoria. Y, tras la euforia inicial, el gran susto: una mano de Tomás deja a Edu solo frente a Iago Iglesias, que lanza un tiro con poca fe y pierde la posibilidad de dar la victoria a su equipo. Crecidos nuevamente y conscientes de la oportunidad que les brindaba el cuadro mermado tanto por el expulsado como por el cansancio físico que tenían enfrente, apenas dos minutos después del primero, Carnero marcó su segundo gol, ya en tiempo de descuento. Volvió a conseguirlo.