Ancelotti tiene mucho que coser y templar


El fútbol es caprichoso, cambiante, a menudo, imprevisible. También traicionero. De todo ello puede dar fe el Real Madrid, que en noviembre volaba majestuoso y en febrero ha extraviado su plan de ruta.

Solo hay una verdad absoluta e indiscutible en el universo balompédico. En realidad, dos, que son las dos caras de una misma moneda. Cuando los resultados acompañan, todo se consiente, todos son unos fenómenos. Cuando dejan de acompañar, todo está bajo sospecha.

Y ni tanto ni tan calvo.

En noviembre Ancelotti era la quintaesencia de los banquillos. Nadie echaba de menos a un metrónomo como Xabi Alonso ni a un correcaminos como Di María. Aprovechando la baja de Bale por lesión había reunido un centro del campo de pintores tan virtuosos como sacrificados, finos con el pincel y aplicados con la brocha: Kroos, Modric, Isco y James, cuatro tipos entregados a la causa para recuperar el balón, capaces de combinar con criterio, con llegada al área rival, también con gol. Detrás, Sergio Ramos y Pepe, dos centrales de los que anticipan, y Carvajal y Marcelo, dos laterales que también son extremos. Arriba, Cristiano Ronaldo exprimiendo la potencia de su motor y Benzema en la piel de los mejores relojeros.

El panorama empezó a complicarse con la lesión de Modric, que casi coincidió con el regreso de Bale. El centro del campo perdió control, quite y aplomo. El galés, no es jugador de corte ni de confección, sino de velocidad y explosión. Con muy poco cambió el ecosistema.

Con la entrada de año el equipo perdió chispa y se le empezaron a sumar los problemas físicos. Pese a las victorias ante el Córdoba y el Sevilla ya venía emitiendo señales preocupantes. Frente al atlético no estaban los centrales, ni Marcelo, ni James. Y Ronaldo, desde su exhibición gutural tras recibir el Balón de Oro, no ha vuelto a ser el mismo.

El equipo blanco consiguió minimizar los descosidos con algunos resultados que no mereció. Pero el Atlético le ha dejado un jirón que no tiene fácil arreglo, si bien Ancelotti ha demostrado en más de una ocasión que no es mal sastre.

Esta vez lo tiene todavía más difícil, hay mucho que coser y templar, va a necesitar algo más que flema para que las piezas vuelvan a encajar. Y la que armó Ronaldo el sábado por la noche no le va a ayudar, porque las fiestas las carga el diablo y no conviene desafiar el calendario haciéndolas coincidir con partidos de fuste. A Murphy no se le recuerda de vacaciones, y después pasa lo que pasó.

Tampoco es cuestión de flagelarse tras una derrota, incluso puede venir bien un poco de solaz. Pero sorprende que faltase la mitad de la plantilla y que entre los presentes estuviesen Fernando Hierro, Paul Clement y Chendo.

Si el Madrid aguanta al frente de la tabla y supera la eliminatoria de octavos ante el Schalke, la tormenta se diluirá. De lo contrario, evolucionará a ciclogénesis. Quien lo iba a decir en noviembre.

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