Cualquier chaval de la comarca de Santiago que patease una pelota en los 90 habría apostado su canica favorita, sin titubear ni un segundo, a que Ivi, como se le conocía por entonces, lograría alcanzar la Primera división del fútbol español. Reunía todas las condiciones necesarias para ello: una técnica depurada, una privilegiada visión del juego, resistencia para someterse a entrenamientos espartanos y los pies en el suelo. ¡Hasta los genes jugaban a su favor! Ese mocoso del Pichel y Parcero o del Rosalía (depende de la época) era el hijo de Jorge, un todocampista que marcó un antes y un después en el Compos.
Apenas levantaba un palmo del suelo, pero los domingos, después de tomarse un buen tazón de cereales, oculto tras esa cara de no haber roto nunca un plato, salía de su casa del barrio de Vista Alegre dispuesto a arrasar un campo de fútbol. El que tocase.
Iván llegó al CD Conxo en juveniles. Este otro barrio, conocido en el resto de Galicia por su hospital psiquiátrico, hace dos décadas empezó a serlo también por sus exquisitos equipos en categorías inferiores que salían y salen del campo de A Mercé, un terreno de juego, por cierto, totalmente pegado al sanatorio, y al que los internos con permiso acuden con frecuencia. En plena adolescencia, mientras sus compañeros llegaban al entrenamiento un cuarto de hora tarde por culpa de un futbolín que se alargaba más de lo previsto, Iván lo hacía con media hora de antelación, tiempo que aprovechaba para rescatar del almacén un saco repleto de balones, situar la barrera de madera en la frontal del área y chutar sin piedad, con las dos piernas y a discreción, a cualquier portero que rondase por las instalaciones.
Para poder compaginar sus estudios de Inef con el fútbol, Iván Pérez firmó en el Laracha, de Tercera división, en donde se proclamó máximo goleador de la categoría jugando de carrilero. De ahí pegó el salto al Fabril, en donde se curtió hasta que Miguel Ángel Lotina lo llamó para jugar con el primer equipo. Disputó varios partidos en Primera división con el Deportivo, pero las malditas lesiones, y una puñalada de Lendoiro, que le dio la baja a cinco minutos del cierre de mercado, marcaron su carrera. Se quitó la espina hace dos temporadas en el Lugo, equipo del que se desvinculó el pasado curso.
La SD Compostela acaba de fichar a Iván Pérez para lo que resta de año. San Lázaro se prepara para escuchar la música celestial que suena cuando se le golpea limpio a la pelota.