El emperador: un talento inagotable

Alberto Blanco

DEPORTES

Einigualable. Difícil, por no decir, imposible evitar los adjetivos superlativos para definir al mejor jugador español en la historia del baloncesto. Un Pau emperador, ha decidido entrar en el Olimpo como Dios manda: brillando hasta las últimas fuerzas. Su última hazaña, viene sino, a refrendar que difícilmente existirá otro igual. Busquemos las causas. En primer término, el talento. Gasol, Pau, es un maná. Una fuente inagotable. Nació con un don. Una mano prodigiosa. Sus gestos técnicos diseñarán muchos libros. Un tipo de 2,16 que se mueve como un alero. Lo ve todo muy claro, muy fácil. Lo hace parecer sencillo. Pero no lo es. En esa medida.

Dureza mental. Ha pasado por todos los estadíos posibles. Del banquillo, a parecer indómito, poco disciplinado (a veces) o ser foco de atención por ser blando... Años de entuertos, envuelto en rumores de traspasos y cambios. Todo ello, ha dado con un Pau en su máximo esplendor a los 35 años. En el terreno del mítico Jordan, Gasol los ha dejado atónitos. Ha devuelto a la franquicia a la pelea del anillo y son ya muchos años sin verse en esa lucha. Pau se ha jurado acabar en el Edén. Insaciable. Romper todos los moldes de un jugador europeo. Ser el mejor no nacido en Estados Unidos en la historia. En ello está.