El campeón de Europa sub-23 de halterofilia ya está en Galicia y en dos semanas comenzará a preparar el camino hacia Río 2016
29 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.Pasadas las once de la mañana. Un hombre feliz ponía los pies sobre la terminal de Alvedro, en A Coruña. Al cruzar el control, decenas de amigos y familiares le esperaban para darle un recibimiento especial. «No me lo esperaba», reconoce. «Igual a la familia más directa sí, pero no a tanta gente», añade un exultante Víctor Castro Mariño (A Coruña, 1992). El haltera gallego regresaba a casa después de sumar tres medallas en el último Campeonato de Europa sub-23, celebrado en Chipre: plata en la modalidad de arrancada, oro en la de dos tiempos y oro en el global. Se dibuja el inicio de una era.
«Sorpresa por un lado, pero en el fondo me lo esperaba. Sabía que había posibilidades de poder ganar el oro. Lo que pasa es que yo lo aguardaba más en arrancada, en donde quedó segundo, ya que es su mejor especialidad. Al ser plata ahí pensé que igual se nos escapaba, pero en dos tiempos remontó», señala eufórico Ferenc Szabo, su entrenador en el Club Halterofilia Coruña. Castro, en cambio, lo vio más controlado: «tuve un error en arrancada, pero sabía que era superior al alemán en dos tiempos», apunta. «De hecho, pude haber hecho más marca», añade.
Los Juegos, en el horizonte
Víctor Castro tendrá ahora dos semanas para descansar, pero las vacaciones no le durarán mucho. «En enero, e igual ya en vacaciones, tendrá que volver a empezar a trabajar duro para preparar el próximo año, que será muy importante. Hay Campeonato de Europa absoluto en abril, pero antes, sobre febrero, tiene que haber una preselección para ver quién representa a la Federación Española. También hay Mundial, y el del 2015 es muy importante porque dará plazas para los Juegos Olímpicos», apunta Ferenc.
España defenderá los cuatro billetes olímpicos para la categoría masculina que tiene ahora mismo y, de lograrlo en el próximo Mundial, se abrirían las puertas para que la Federación lo eligiese a él. «Es posible», coinciden maestro y discípulo.