Del Nido, otro de los suyos


El fútbol es agradecido, muy agradecido, con los suyos; tanto que confunde los asuntos propios con los profesionales. Así, Ángel María Villar, presidente desde siempre de la Federación Española de Fútbol, puede hacer un hueco en su agenda oficial para visitar a su amigo José María de Nido en el Centro Penitenciario de Huelva. Le acompañó el portavoz de la federación, quizá para darle más solemnidad al acto. «Del Nido es de nuestra familia», argumentó ayer Villar, con el mismo impudor que acompaña cada una de sus comparecencias públicas.

Nunca ha necesitado Villar un argumento sólido para defender cualquier causa que se le ocurriera; quizá por eso aseguró que «el mundo del fútbol está con los hombres que pasan momentos difíciles». Se refería, sin duda, el expresidente del Sevilla y al cumplimiento de una condena de siete años de cárcel por malversación de caudales públicos, además de cinco y medio de inhabilitación. Podría el presidente de la federación haber recordado a los vecinos de Marbella, esos a los que su amigo, y otros también íntimamente ligados al fútbol, sometieron a un indecente saqueo. Podría, pero al parecer los marbellíes no son de la familia del fútbol ni han prestado sus servicios al balompié. Por eso, en nombre de la federación, pidió en su día el indulto para Del Nido. Una motivación que, por cierto, comparte con su íntimo enemigo, Javier Tebas, que también protege y premia a los suyos, aunque carguen a sus espaldas con gestiones ruinosas. En nombre de la familia.

Villar es el único presidente que ha tenido el fútbol español desde 1988, ha sobrevivido a duras pugnas con las autoridades gracias al búnker que él mismo ha levantado a su alrededor y acostumbra a tratar a los periodistas con el desprecio del que se siente inmune. Ayer, 3 años y 8 meses después de ningunear a García Liñares en su toma de posesión como presidente de la gallega, no tuvo rubor en manifestar que en las inminentes elecciones «apoya al que está», es decir a Liñares. Así es como se perpetua en el cargo, con sus propias normas, esas que en alguna ocasión le permitieron afirmar que «el fútbol ha funcionado sin leyes», e incluso por encima de ellas.

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