Paladas de oro en el resurgir del k-4 español

Xosé Ramón Castro
x. r. castro VIGO / LA VOZ

DEPORTES

cedida

El tudense Óscar Carrera y el cangués Rodrigo Germade destacan la sincronización y el meteórico crecimiento del barco

06 may 2014 . Actualizado a las 14:12 h.

El k-4 español se había convertido en el reto pendiente del piragüismo estatal. Hacía la friolera de 44 años que el barco no conseguía un resultado de primer nivel en el concierto internacional. Por eso el oro de la Copa del Mundo es un hito y en el punto de partida para soñar con algo grande. De ese sueño participan Óscar Carrera, tudense de 23 años, y Rodrigo Germade, cangués de 24. Por eso un día cambiaron su hábitat natural por la residencia Blume.

«El proyecto nació el año pasado. Se hicieron unos selectivos a nivel nacional y nos concentraron en Madrid. Una vez formado el barco, y con tres semanas de entrenamiento, participamos en el Europeo con un buen resultado, quedamos cuartos luchando por la medalla», comenta Óscar remontándose al génesis del equipo. El barco nunca ha dejado de crecer, porque más tarde llegó el puesto de finalista en el Mundial y hace tan solo unos días un selectivo interno en donde la federación le concedió el pasaporte para las copas del mundo y el mundial de este año.

Pero quedaba el test de Milán, y el resultado no pudo ser más óptimo. «Las sensaciones fueron buenas. Nosotros sabíamos que llegábamos con opciones de hacerlo bien, pero nunca pensamos que íbamos a ganar de una forma tan contundente. Eso fue lo que nos dejó todavía mejor sabor de boca porque nos dio a entender que estamos al nivel correcto de cara al mundial», comenta Rodrigo Germade. «El entrenador [Luis Brasero] quería ver el nivel al qué estábamos, y visto lo visto, estamos a un nivel impresionante». Hasta el punto de ganar con tanta suficiencia «que al final bajamos un poquito el ritmo, no llegamos a tope porque no nos hacía falta subir más».

El resultado dispara las expectivas del K-4 1.000 metros. Rodrigo apunta directo al gran reto del año: «En el mundial se puede pensar en medalla». Porque si algo ha quedado patente es el margen de mejora que todavía tiene el bote, pero también que desde el primer día ha funcionado a la perfección: «Estas cosas que pasan en el piragüismo cada equis tiempo. Fue montarnos los cuatro y ver desde el primer día que la embarcación iba muy bien y que ya íbamos todos bastante sincronizados a pensar de que no habíamos montado nunca juntos», apunta sin dilación Germade. Los cuatro -Javier Hernanz e Íñigo Peña completan el equipo- han sido capaces de dejar en un segundo plano sus barcos individuales para dedicarle casi todo el tiempo al equipo.

Todos han dejado también en un segundo plano sus lugares de residencia para adaptarse a la vida en la Blume. En el caso de los gallegos, Óscar Carrera se siente como en casa «porque ya había estado aquí en categoría júnior», en donde conquistó sus primeros triunfos internacionales. Rodrigo Germade no esconde que a veces aparece la morriña «pero las condiciones que te ofrece la residencia son las mejores». El precio de un sueño pendiente.

«Sabíamos que llegábamos bien, pero nunca pensamos en ganar de una forma tan contundente»

«El entrenador quería ver al nivel al qué estábamos y, visto lo visto, estamos a un nivel impresionante»