Cuestión de ritmo

DEPORTES

31 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Cada superficie tiene su liturgia, sus características y hasta su sonido. La hierba requiere cierta contención en el vestir, premia a los últimos valientes del juego de red y permite peloteos casi en silencio mientras los jugadores van destrozando el césped. La tierra, reducto de torneos de club como Montecarlo y Barcelona, ajenos a los grandes estadios impersonales, encumbra a los gladiadores, a jugadores capaces de sufrir, esperar, correr y deslizarse dejando sobre la pista las huellas de su esfuerzo. Y las canchas duras, el cemento en sus diferentes marcas comerciales actuales, priman el martilleo agresivo de fondo, con música a todo volumen durante los cambios de campo de los jugadores y el chirrío de las zapatillas sobre la pintura.

Quizá hoy nadie como Novak Djokovic representa el juego que se necesita sobre el cemento. Se deshace en posturas inverosímiles cuando necesita levantar bolas delicadas, no tiene un flanco débil en el juego de fondo y sirve con potencia.

Por encima de todas sus características destaca el ritmo de Djokovic en pista, que parece hoy de nuevo un peldaño por encima del de Nadal. El español cada cierto tiempo se conjura para ganar potencia y pisar más dentro de la pista, aunque al final le cuesta seguir el compás que marca el serbio. Pero este puñado de líneas puede quedar obsoleto dentro de unos meses. Nadie como Nadal para revertir situaciones adversas, para tocar una tecla que le permita anular a un rival, para alcanzar territorios que parecían dejar de pertenecerle. Esa es la foto fija que deja Miami. El tenis se muda en solo unos días a la tierra batida europea. Los deberes los tendrá sobre la mesa el serbio, todavía sin el título de Roland Garros en su vitrina.