El vigués gana con el Schio la Copa italiana, su quinto cetro en el básket femenino
18 feb 2014 . Actualizado a las 11:49 h.Miguel Martínez Méndez (Vigo, 1967) ya luce títulos en su primera experiencia en el extranjero como entrenador de baloncesto femenino. Si en el verano se estrenó con la conquista de la Supercopa, el pasado fin de semana ganó la Copa de Italia para el Famila Schio, el equipo de referencia del Pallacanestro femenino. En España ya había ganado una copa con el Rivas (al que llevó a la final de la Euroliga) y el Celta, con quien conquistó un doblete.
«En semifinales jugamos con mucha ansiedad, estuvimos por debajo de nuestro nivel, con muchos errores, sobre todo en ataque, pero también es importante sacar los partidos así. En la final jugamos mucho mejor, lo hicimos sin tanta presión y dominamos el partido», comenta del torneo y de la victoria por 10 puntos ante el Lucca, al que también derrotaron en la Supercopa.
El vigués quería vivir una experiencia vital en el extranjero y eligió el mejor momento y lugar. Cambió una Liga Femenina en crisis por Schio, una pequeña ciudad de 36.000 habitantes, de la provincia de Vicenza, al borde de los Dolomitas, en donde el baloncesto es religión. «Aquí todo el mundo se conoce, el equipo de baloncesto es el centro de la vida de ocio. Vas paseando por la ciudad y la gente sabe que eres entrenador, que eres español, te preguntan por tu nuevo hijo y hasta te quieren invitar al aperitivo o a comer», relata mientras puntualiza que la vida en la Italia del norte es parecida a la que se vive a orillas del Atlántico. «Las diferencias en Italia, al igual que en España, está entre el norte y el sur».
Tanta trascendencia social tiene su peaje en la presión de entrenar al mejor equipo de Italia en su disciplina. «Somos el rival a batir. Es la primera vez que juego con el papel de máximo favorito y también hay que saber llevarlo. Con el Celta y el Rivas teníamos buenos equipos, pero no teníamos la obligación de ganar».
Máxima exigencia
Fue la exigencia uno de los puntos que le motivó a aceptar la oferta de los transalpinos: «Soy el primer español que entrena en el Pallacanestro, no es fácil estar aquí, y por lo tanto hay que aprovechar las oportunidades. Lo estoy viviendo con mucha ilusión, estoy aprendiendo mucho y es una experiencia nueva. Es una oportunidad profesional que había que aceptar, no es fácil entrenar en el extranjero y en una de las ligas más potentes de Europa». Nunca se había encontrado con semejante estructura profesionalizada a nivel de club y con semejante elenco de jugadoras.
El lado oscuro de su emigración deportiva llega en clave familiar. «La idea era venir con la familia, pero no ha podido ser», reconoce el técnico gallego, que tuvo que dejar a su esposa y a su hija en Vigo y que acaba de adoptar un niño en Etiopía. «Vivir esa experiencia desde lejos no es fácil para ninguno, pero lo llevamos de la mejor manera posible».
Tampoco tiene mucho tiempo para pensar. Sin tiempo a celebrar la Coppa, el equipo ya hace las maletas para viajar hoy mismo a Eslovaquia para jugarse el factor cancha -«más importante que el rival»- en los cruces de Euroliga y el sábado defenderá el liderato ante el tercer clasificado en el torneo doméstico. El «Scudetto» parece a tiro si nada se tuerce.