Ya anunciamos que en un Europeo todos los partidos son a la mayor exigencia. El lucimiento y el disfrute se aparcan para ponerse el mono de trabajo y sacrificio en beneficio del equipo. Esa es la razón fundamental por la que debemos disfrutar cada una de las victorias; nos dan fuerza y cohesión.
Tras una primera fase donde se pusieron de manifiesto una cierta irregularidad y, comparativamente a otras ocasiones, una bajada en la consistencia de nuestra portería, esta main round se presentaba con optimismo. Dejando a un lado el milagro que supondría ganar a las anfitriones el día de la revancha mundialista (esperemos dejarlo para la final y que se cumpla la norma no escrita de que es muy difícil ganar dos veces al mismo equipo en el mismo torneo), lo cierto es que las llaves de la puerta de las semifinales están a nuestro alcance. Austria nos abrió el portalón a regañadientes y ahora debemos ayudar a los macedonios a concienciarse de que estos partidos los gana quien realmente lo necesita. Esperemos que nos las den con llavero y todo.
Recuperamos a Aguinagalde (¡y qué falta nos hacía!) para finalizar y abrir espacios ya que no tenemos grandes lanzadores; no obstante al juego ofensivo le falta regularidad. Sin embargo, donde debemos buscar la excelencia es en defensa. Necesitamos un punto más de agresividad para facilitar que nuestros porteros se aproximen a los niveles de rendimiento necesarios para aspirar a medallas.
Juan José Fernández es profesor de la UDC y vicepresidente de la Asociación de Entrenadores.