Un trabajador infatigable

Antón Bruquetas Serantes
Antón Bruquetas DESDE LA GRADA

DEPORTES

29 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Conserva la mirada tímida de un principiante, de alguien que todavía no se ha emborrachado por el éxito. Habla con la sencillez de un peón, de un simple trabajador de la pala. Apenas otorga trascendencia a sus hazañas, porque sabe mejor que nadie que no hay atajos, que la pócima de la victoria está en el día a día. Todos sus proyectos se edifican en la dictadura de un cronómetro. El que sostiene en la mano su entrenador, Suso Morlán. La figura que ha esculpido su carrera y a quien le guarda un respeto reverencial. «En el agua, lo que diga Suso», suele repetir cuando se le pregunta insistentemente por los planes de entrenamiento. Confianza ciega en el hombre al que ha perseguido hasta Brasil, al escenario donde se desarrollarán los próximos Juegos Olímpicos. Precisamente bajo el resplandor de las medallas de estas citas planetarias ha esculpido su leyenda, la del deportista español más laureado de la historia. Es un nombre con mayúsculas que todavía guarda la energía necesaria como para continuar buscando brillo para su incomparable palmarés. Pero nadie jamás adivinaría su currículo en su discurso, en el carrete de palabras libre de vanidad que hilvana ante cualquier interlocutor.

Tampoco en su caminar pausado se intuye la locomotora que se desata cada vez que la canoa comienza a flotar en una pista de competición. En la retina de todos aún resplandece el esprint agónico que lo llevó a la plata en Londres. Cuando todo parecía perdido, cuando tal vez ni él mismo soñaba con la remontada, lejos de bajar los brazos, avivó el ritmo, perseveró en el esfuerzo más allá del dolor. Probablemente sus últimos 250 metros en Eton Dorney resumen a la perfección todas las virtudes del palista de Hío. Tesón y dedicación hasta quemar el aliento definitivo. Ahora ha cruzado el Atlántico, porque aquí no está seguro de que pueda seguir siendo lo que es: un trabajador infatigable.