Hay picardía en mi mirada y coquetería en su gesto. Trato de ganar unos centímetros y, tras un breve diálogo, intento besarla. Ella se incorpora y mis labios acarician el aire haciendo buena la frase de William George Ward: «Las oportunidades son como los amaneceres: si uno espera demasiado, se los pierde».
-«¡Cut!, es buena».
La actriz y yo chocamos nuestras palmas y en el set de rodaje se rompe la parálisis. Ahora todo el mundo corre. Yo también. Alcanzo mi iPad y veo que Ori ha anotado un triple. ¡Bien!, Junyent no hace como mi personaje.
-«¡Actores a ensayo!».
Pido a un asistente que me mantenga informado y vuelvo al trabajo. Ensayamos repetidas veces la escena. Como decía don Agustín Magán «Hasta que cheira a allo». Ya estamos listos para grabar. Por el rabillo del ojo veo la sonrisa del assistant. Sus labios pronuncian un reconocible Courbechiou y muestra sus pulgares levantados en inequívoco gesto. El director se acerca a mi posición en escena y, tras agacharse a mi lado, me susurra: «Fran, tu personaje no besó a la chica, perdió sus enseres y todo le sale mal. ¿Por qué sonríes?».
Hay picardía en mi mirada y sorpresa en su gesto. Trato de ganar unos centímetros y tras un breve diálogo, ambos sonreímos.
Nos incorporamos y nuestras palmas acarician el aire antes del choque. Alber Ponte, el director, decide hacer buena la frase del teólogo inglés y da la orden: «¡Cinco minutos de descanso y rodamos!».
Finalizada la sesión abandoné el set entre besos, abrazos, «congrats» y el «happy birthday» de algún despistado. Me subí a la línea 1 y, ya en mi apartamento de Columbus Circle, enlacé una videoconferencia con el coach.
En la pantalla había más dientes que en una pelea de cocodrilos. No les voy a contar de que hablamos, sé que se lo pueden imaginar.
*Fran Grela está en Nueva York rodando la película «Little Galicia» y relata cómo siguió el partido.