Lendoiro se ha vuelto a superar. En un más difícil todavía, ha firmado un cierre de mercado más esperpéntico que el protagonizado el 31 de enero del 2011, cuando en una abradacabrante maniobra financió cinco meses de vacaciones a Javito en A Coruña. Por su cuenta y riesgo, a sabiendas de que el tope salarial impuesto por la Liga de Fútbol de Profesional imposibilitaba su fichaje, hizo venir a Geijo a A Coruña, donde pasó el reconocimiento médico para, finalmente, firmar por el Mallorca de Oltra.
Lo que Lendoiro tardó dos meses en desentrañar, el conjunto mallorquín lo solucionó en media hora; de hecho, lo tenía arreglado poco después del mediodía, muchas horas antes de que Lendoiro tratara una vez más de señalar a los administradores concursales, como si fueran ellos los responsables de haber llevado a la entidad a una situación insostenible.
A última hora, en una deleznable maniobra, el presidente del Deportivo montó un escenario ficticio. Sabía que era imposible la incorporación de Geijo, pero su objetivo era convertir a los administradores concursales en un blanco fácil, en responsables de un hipotético fracaso deportivo. Cómo si el mayor de los fracasos no fuera el acumular una deuda de 156 millones de euros o protagonizar dos descensos en tres temporadas. Lendoiro ha querido eludir el corsé que obliga a todo el fútbol español; precisamente él, el eficiente gestor que ha batido todos los récords de deuda de los concursos del balompié español.