El Obradoiro cuida el espíritu

M.G. REIGOSA SANTIAGO / LA VOZ

DEPORTES

Álvaro Ballesteros

Invoca al Apóstol para que traslade a la entidad «su fuerza y su sabiduría»

06 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Entre entrenamiento y entrenamiento, un paréntesis para cultivar el espíritu. De la caldera de Sar al templo de la plaza que da nombre al equipo. Jugadores, técnicos, presidente y trabajadores del club cumplieron con la tradición de la ofrenda al Apóstol y aprovecharon la ocasión para conocer a fondo la catedral de la mano del nuevo deán, Segundo Pérez, que se mostró afectuoso y entrañable en todo momento.

No deja de ser curioso que el Obra se haya cruzado de manera simbólica dos veces en la carrera del religioso. La primera, recién llegado a Santiago tras cursar estudios en Salamanca, cuando el equipo había alcanzado por vez primera la élite. Se le acercaron dos jóvenes para recabar sus impresiones sobre el equipo. Pero entendió que la pregunta iba por la plaza, no por el deporte. Y lo interrumpieron para disculparse, porque buscaban perfiles más conocedores del club.

La de ayer fue su primera homilía con el ritual del botafumeiro previamente concertada por un grupo. Y ahora sí, está mucho más cerca de la realidad del equipo y de la entidad. Incluso se sorprendió con la complexión física de Moncho Fernández. «En las imágenes pareces más gordo», le comentó. El técnico lo achacó al traje. Segundo Pérez no se comprometió, pero tampoco descartó que pueda acudir al próximo partido en Sar ante el Baskonia.

El presidente, Raúl López, invocó la intercesión del Apóstol para acercar el equipo «al éxito con valores firmes y por la senda correcta». Le pidió que contagiase al club «su fuerza y su sabiduría». «Y sea cual fuera el resultado final, seguiremos siendo portavoces de los valores que nos trajeron hasta aquí y seguiremos facendo Obra», apostilló.

El deán, que no olvidó ninguna de las nacionalidades del equipo, y que tampoco pasó alto que hay más de una confesión en el vestuario, habló de la catedral como «una casa siempre abierta». Y, evidentemente, no comprometió resultados, pero fue contundente en su convencimiento: «Tened por seguro que el Apóstol os va a dar fuerza y alimento». La plantilla tuvo oportunidad de disfrutar del botafumeiro, visitar el sepulcro del Apóstol y abrazar al santo ataviado con una bufanda del club. A Kendall no le pasó inadvertido el órgano de la catedral. Al conocer su afición por la música y en particular por el piano, le sugirieron que quizás pudiese hacer alguna práctica. Y por él no quedará, llegado el caso.