El partido del sábado contra el Granada se revela trascendental para soñar con la salvación
04 feb 2013 . Actualizado a las 21:02 h.El Dépor jugará una auténtica final el próximo sábado a las diez de la noche ante su afición. Ya no hay medias tintas para un equipo obligado a ganar al Granada para recuperar el crédito perdido tras una derrota sin anestesia que lastimó a todo el deportivismo. Claro que quedan muchos puntos por disputar y que es posible mantenerse en Primera División hasta que las matemáticas demuestren lo contrario. Pero Riazor necesita volver a creer en un proyecto que en Getafe demostró todas sus miserias y pareció indigno de su afición.
Así, está claro que ganar al Granada parece obligado desde el punto de vista de la clasificación. La permanencia se aleja a cinco puntos y el horizonte de los próximos compromisos contra el Sevilla, el Madrid, el Rayo, el Barcelona y el Celta no invita a pensar que el equipo coruñés pueda seguir retrasando su reacción. El calendario se complica y nadie confía en que el Dépor deje para el esprint final los deberes inacabados durante todo el campeonato. El tan ansiado punto de inflexión tiene fecha obligada para los coruñeses, que se citan el sábado con un duelo a cara o cruz.
Alegrías
Desde el punto de vista moral, el Dépor debe un buen puñado de alegrías a sus seguidores, que una vez festejado por todo lo alto el ascenso apenas han vuelto a disfrutar con sus colores. Apoyan sin descanso durante los partidos, no dudan en desplazarse allí donde su equipo los necesita, pero apenas han recibido algo a cambio desde el pasado mes de septiembre.
Las excusas se han acabado para un bloque al que solo le queda autoanalizarse y crecer. No caben lamentos en torno a la excelente puntería del rival, el perjuicio en la serie de expulsiones o la mala fortuna propia. Únicamente desde el trabajo y la mejor predisposición posible puede afrontarse una final como la que ahora se plantea contra el Granada. Porque si el triunfo resulta indispensable, más importancia tendrá la receta con la que se cocinó el éxito, y la forma en la que Paciência y sus futbolistas se propongan prolongarla para convertirla en la fórmula deportivista para la permanencia.