Entre el frío, las goteras y las derrotas

Miguel Álvarez LUGO / LA VOZ

DEPORTES

Un sector de la grada acordonado porque caían goteras sobre ella
Un sector de la grada acordonado porque caían goteras sobre ella

El Pazo Universitario, inaugurado en 1992, es ahora todo menos una instalación acogedora. De un tiempo a esta parte, la dejadez de la Diputación Provincial con la instalación se hace notar cada día. Bombillas fundidas en los marcadores, la calefacción estropeada y, después de las lluvias caídas recientemente, una potencial piscina olímpica son algunos de los penosos síntomas que ofrece el recinto.

En el choque disputado entre el Ensino y el Universidad de Oviedo el viernes por la noche, el técnico de las asturianas secó a lo largo del partido un charco que se encontraba delante de su banquillo. Joan Peñarroya, entrenador del Andorra, lo emuló ayer por momentos. Y eso a pesar de que las lluvias caídas por la tarde no fueron tan intensas como las que azotaron la ciudad de las murallas a lo largo de las horas anteriores.

El Pazo ofreció una imagen indigna. No solo por las goteras que percutieron de manera incansable sobre zonas de la pista y las gradas. Sino porque, para ahorrarle un sufrimiento mayor a los aficionados -ya llegó con el deportivo-, fueron acordonados algunos segmentos de asientos.

Al final del partido, Joan Peñarroya afirmaba en rueda de prensa que «ganar en Lugo es muy importante, porque es un campo con tradición». Ciertamente, con un prolongado pasado en la élite, el Pazo Universitario también ha vivido épocas mejores. La buena noticia fue, que al menos, no se produjeron incidentes ni lesiones. Los costalazos de la jornada ya se los habían llevado las ensinistas Navarrete y Méndez.

Crónica Una tarde en el Pazo