El campeonato de Copa es una competición que vino a menos. A pesar de la habilidad con la que ayer Álex Centeno presentaba en La Voz la crónica de ambiente del Mallorca-Deportivo mientras resaltaba los recuerdos agradables que el equipo coruñés tiene del torneo, insisto en decir que la Copa ya no es lo que era. Si lo dudan, me someto al resultado de las respuestas que les pudieran hacer los veteranos aficionados que tampoco olvidan aquellas eliminatorias a vida o muerte, con el disgusto que se llevaban quienes veían a sus equipos eliminados, mientras los vencedores se disponían a conocer el nuevo rival que se anunciaba al día siguiente, en el parte de las 2.30 de la tarde por radio. Ahora, la Copa es un torneo descafeinado que tan solo tiene interés para tres o cuatro equipos, pues a seis ya no llega el número completo de aspirantes, no ya para ganar el trofeo sino alcanzar tan siquiera en la final. El seguidor deportivista vive desde el domingo pasado mientras espera que el Dépor sume algún punto más al conseguido en el estadio de San Mamés. Para esto necesita ganar pasado mañana al Betis, y ahí es donde se centra la esperanza de la semana. Porque el duelo de anoche, en Mallorca, no debería alterar el objetivo para el domingo.