La sanción a Lance [Armstrong] tiene dos lecturas. Por una parte, no hay nada que objetar al duro castigo y a que le retiren los siete tours porque varios compañeros lo han acusado bajo juramento. Entonces, no seré yo el que vaya a dudar de la palabra de estos. Sin embargo, sí que considero que también debería que depurar responsabilidades en el seno de la UCI. No puede ser que un organismo como este, que destina diez millones de euros anuales a la lucha contra el dopaje, haya permitido que un número uno como Armstrong ganara siete tours, al parecer dopado, y no diera positivo en ningún control. Y si lo dio, que se ocultara.
Si en este caso, a pesar de no haber dado positivo, sirve la denuncia de excompañeros -insisto en que no tengo por qué dudar de su credibilidad, ya que han declarado bajo juramento-, pues entonces también debería servir para que se sancionara a miembros de la UCI. Porque esos excompañeros que acusaron a Armstrong, también lo hicieron con el órgano rector, diciendo que le pasaban las fechas y horarios de los controles y que habían ocultado algún positivo.
Seamos serios entonces. Si tomamos medidas contra el ciclista, hagámoslo también contra los que mandan.