El fútbol marcha por una dinámica desconocida, incluso para quienes se iniciaron en este deporte llevando a hombros las porterías que limitarían el campo de juego. El calendario de estos días está revestido de auténticas aceleraciones, tantas que desconciertan al aficionado quien al no figurar su equipo en el cartel europeo no acertaba a elegir con cuál quedarse, una vez sentado ante el televisor.
Pero mañana, volverán a correr una parte de las aguas futbolísticas por su cauce natural, con ese Celta-Sevilla que debe llenar Balaídos. Al día siguiente, otros cuatro partidos, con un Rayo-Deportivo que mientras por un lado se le señala como una cita importantísima para los de Oltra, por otra parte se intenta transmitir un mensaje con la impresión de que se trata de un partido más, con las dificultades que presentan la mayor parte de los encuentros que el Deportivo juega lejos de Riazor. Esto es verdad, pero sin dejar de pensar detenidamente en los encuentros que deberá ventilar el Deportivo después de pasar por Vallecas, un campo que guarda el histórico y favorable recuerdo de ser el escenario en donde el conjunto coruñés conquistó su primer ascenso a la División de Honor. Hace de esto 71 años.