Rafa Nadal no solo tiene un talento extraordinario, sino que está en manos de los mejores especialistas. Conviene recordarlo ahora que toma la decisión de parar durante unos meses. Las lesiones de rodilla, crónicas, conocidas por todo el mundo, y muy delicadas, condicionan su carrera. Ante ese escenario, protegerlas sin asumir el más mínimo riesgo parece lo razonable.
Nadal cuenta hoy con un palmarés interminable, que incluye once títulos del Grand Slam. Ganó ya más de lo que hubiera soñado. Así que, con 26 años y varias temporadas de tenis por delante, no tiene por qué asumir riesgos en la gira americana de verano. Haber expuesto lo más mínimo por torneos como los de Tontoto y Cincinnati carecía de toda lógica. E incluso el US Open, si no se encuentra plenamente recuperado, o pone en peligro una recaída que complique su carrera, es prescindible.
Sin presiones
Desde ese prisma vemos la renuncia de Nadal. Cuenta a su alrededor con estudiosos serios y rigurosos sobre las lesiones de rodilla. Nadie le presiona para competir más de la cuenta porque conocen su caso. Y el propio jugador ya sabe lo que es ver peligrar su carrera, como le sucedió en el año 2005 como consecuencia de una lesión en el pie. Aquello significó un peligro real al inicio de su trayectoria. Hoy, con su tremendo palmarés, no gana nada arriesgando por jugar un par de torneos más.
Por lo que se ha visto en las últimas fechas, Nadal no transmite además la angusita o inquietud que ha podido tener en otras ocasiones en el pasado ante algún problema físico. Así que no tenemos por qué dudar de su recuperación dentro de unas semanas o unos meses, antes de que vuelva a darnos nuevas alegrías.