Cal nunca falló en los Juegos, su gran prioridad, y evita objetivos menores
09 ago 2012 . Actualizado a las 15:47 h.«El primer año, a descansar; el segundo, a cargar; el tercero, a clasificar, y el cuarto, a volar». La frase se convirtió ya casi un mantra del tándem que David Cal y su entrenador, Suso Morlán, forman desde hace 14 años. Cada ciclo olímpico requiere de una preparación lenta a largo plazo, en la que el piragüista prioriza la puesta a punto para los Juegos y descarta objetivos menores como Campeonatos de Europa e incluso Mundiales. Con la estrategia del técnico pontevedrés lograron cinco metales en cinco pruebas. Un pleno de efectividad.
Esa era la más íntima satisfacción de Morlán ayer. La planificación metódica, tras el esfuerzo descomunal de un ciclo olímpico, funcionó. Tras los Juegos, toca desconectar, como ahora, cuando Cal descansará cuatro o cinco meses.
Después, empieza la rutina. En esta última etapa, el primer año corresponde a trabajo suave. Fue de solo 2.737 kilómetros en el 2009, tras la cita de Pekín. Luego, en la segunda temporada del ciclo, comienza a entrenar volúmenes muy amplios a bajas intensidades, marchas lentas. En la tercera ya afina su forma para lograr su plaza para los Juegos, y en la cuarta, la hora de la verdad, vuela.
El último tramo de preparación antes de los Juegos se celebra en concentraciones espartanas en pistas que recreen las condiciones de los canales olímpicos. Por eso Cal y Morlán se desplazaron a Trasona antes de acudir a Atenas 2004, eligieron luego el Salto de Saucelle para aclimatarse al calor de Pekín 2008 y se encerraron durante once semanas en Cervo, en A Mariña lucense, antes de competir en Londres 2012.
Precisamente el elevado coste personal que supone un trabajo tan a largo plazo abre ahora un tiempo de reflexión sobre los próximos retos del piragüista. No tomará una decisión sobre su futuro hasta enero del año que viene. Porque el plan que funciona le obligaría a otros cuatro años de renuncias y sacrificios. Ya se verá si los prolonga.