Jeremy Lin y el cuento de hadas de la NBA

El base de los Knicks, mejor jugador de la semana, protagoniza la gran historia de una temporada marcada por el cierre patronal


La designación de Jeremy Lin como jugador de la semana en la Conferencia Este pone el sello oficial a lo que ya era una ola imparable de elogios, vídeos en YouTube, artículos de prensa y publicidad desmesurada. El base de los New York Knicks, la última reencarnación de la Cenicienta en el deporte, inscribe su nombre entre los mejores en lo que va de temporada al lado de gente como Dwayne Wade, LeBron James, Dirk Nowitzki, Amare Stoudemire, Dwight Howard... Un honor que culmina una semana de locura a través de todo Estados Unidos, una historia típicamente yanki que incluye la versión deportiva del sueño americano con un toque de reivindicación racial que lo eleva a otros estratos ajenos al baloncesto.

Lin era un jugador residual hasta el día 3 de febrero. A sus 23 años, había anotado 108 puntos en 38 partidos durante sus dos temporadas en la NBA. Fue cortado por dos equipos, Golden State y Houston, en apenas unos días antes del inicio de la temporada en diciembre. Y de repente, la locura. Con unos Knicks camino de otra temporada perdida, con sus estrellas Carmelo Anthony y Amare Stoudemire lesionados, con su entrenador Mike D'Antoni cerca del despido, que Lin apareciese como titular el 4 de febrero ante los Nets se interpretó como un movimiento desesperado. El resultado ha sido tan espectacular como inesperado. Cinco partidos, cinco victorias, al menos 20 puntos en todos ellos. Una actuación estratosférica para vencer a los Lakers en el Madison. Spike Lee desatado. La locura en el baloncesto estadounidense.

Lin es un producto de Harvard, cuyo prestigio académico se situa en las antípodas de sus laureles baloncestísticos. El joven Jeremy, de origen taiwanés, fue una estrella de un instituto de Palo Alto, en California. Pero nadie le ofreció un sitio para jugar a nivel universitario. No convencía su cuerpo (cera del 1.90 y apenas 90 kilos), ni su escasa capacidad atlética, ni alguna limitación técnica como su dribbling hacia la izquierda. Se conformó con Harvard, donde estudió Económicas. No fue seleccionado en el draft cuando completó su ciclo universitario. El resto ya forma parte de la historia de esta particular Cenicienta. Lin (que además es cristiano, otra rareza que le identifica) es el cuarto estadounidense de origen asiático en jugar en la NBA. El componente racial no es menor en una fama que se ha extendido como la pólvora. En Minnesota, cuando Lin se enfrentó a Ricky Rubio en un partido ampliamente publicitado por el duelo de bases, se pudieron ver banderas de Taiwan en las gradas. El New York Times, en el cuarto partido de la locura, acudió a un bar lleno de ciudadanos de diverso origen asiático locos por Lin aunque nunca antes hubieran visto un partido de baloncesto. Lin se ha convertido en un orgullo para esta amplia minoría racial, cuya presencia en el deporte de élite de Estados Unidos es muy limitada.

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