Si algo ha logrado Paco Herrera es construir un grupo que cree en una idea. El Celta edifica los partidos a partir del rigor defensivo. Su brillo en la retaguardia desespera a los rivales hasta tal punto que suelen terminar los encuentros extenuados tras chocar contra la eficaz muralla celeste. El Córdoba no fue una excepción. Dominó la pelota, arrinconó a los vigueses y construyó acciones suficientes como para haberse podido adelantar en el marcador. Pero en los últimos minutos se fundió. Entonces apareció el Celta incisivo, el que destruye al contragolpe, el que acumula seis jornadas sin perder y que continúa soldado a la zona noble de Segunda. Ninguna de las dos estrategias logró el premio del triunfo en el Nuevo Arcángel, aunque quizás las dos propuestas consiguieron en el punto la justa recompensa a sus méritos sobre el campo.
Pronto, casi con el pitido inicial, el Córdoba enseñó sus cartas. Se desperezó y empezó a apretar al Celta, sobre todo, emergiendo desde los laterales, desbordando por los costados. Se sorprendió el conjunto de Paco Herrera por la intensidad del rival. La presión explosiva de los andaluces le apagó las ideas y, poco a poco, los locales se adueñaron de la pelota. Fruto de este dominio nacieron las ocasiones de peligro. La más destacada surgió en una entrada por el flanco izquierdo que obligó a Oier a hacer una falta al borde del área. El golpeo inmaculado de López Silva iluminó al mejor Yoel. Despejó con los puños un balón que había encontrado el camino para convertirse en el primer gol del partido.
Continuó nublado el Celta. Replegado hasta tal punto que sus jugadores más brillantes vivían anclados a su propio terreno de juego. Solo Orellana trataba de estirar al equipo, pero era un oasis entre un desierto de futbolistas del Córdoba. Encajaban los vigueses como si fuesen un boxeador que busca agotar a su rival para luego noquearlo de un golpe directo. Y el esfuerzo defensivo estuvo a punto de encontrar la recompensa. Cuando ya se anunciaba el descanso, un desborde de Álex López en el centro del campo desmontó la primera línea de repliegue de los locales. Liberado, se aproximó a la portería contraria y entonces encontró a Orellana que volvía a incidir por la izquierda. El extremo chileno se quedó dentro del área mano a mano con el lateral, pero su recorte no logró engañar a Fernández.
Necesitó solo dos minutos, el Córdoba para ofrecer la réplica. Un disparo preciso de López Silva después de driblar desde la banda izquierda del Celta y caminar libre de marca hacia el centro encendió de nuevo las alarmas. El latigazo del mejor futbolista durante los primeros 45 minutos se encontró con el poste cuando ya había superado la estirada de Yoel.
La pausa no sirvió para cambiar la cara de los celestes. Paco Herrera sabía que el encuentro no podía continuar así durante mucho más tiempo sin que su equipo acabase en la lona. Realizó un doble cambio, retiró a Bermejo y a David Rodríguez y entró Joan Tomás y Toni. Colocó a Orellana en la delantera para tratar de que su velocidad inquietase a los defensores cordobeses. Entonces apareció la mejor oportunidad para los vigueses. Desde la derecha, De Lucas habilitó a Joan Tomás que no acertó a rematar entre los tres palos.
Despiertan los celestes
Todo fue un espejismo. El Celta siguió gris. Enfundado en el mono de trabajo, solidario en la pelea, pero difuminado por la fuerza y el toque de los andaluces. Apenas lograba superar la línea medular, no le duraba el balón ni un suspiro y le era imposible elaborar una contra que replegase al enemigo. Sin embargo, cuando ya se había consumido media hora del segundo acto, el cansancio del Córdoba empezó a despertar la eficacia viguesa. De hecho, un esprint de De Lucas por la derecha en el que sentó a dos defensores posibilitó el disparo de Orellana en posición franca. Pero la defensa logró diluir la acción.
Y entonces aparecieron los momentos más dulces de los jugadores de Paco Herrera, que viven alegres cuando el rival descuida los espacios. Con el paso de los minutos se descosieron los andaluces y si algo tiene este Celta es olfato para adivinar los agujeros en el traje de sus contrincantes. Solo el individualismo de Orellana, que le arrebató a Joan Tomás un balón para fusilar a Alberto privó a los celestes de los tres puntos. El polivalente delantero catalán no quiso ni mirar a su compañero, bajó la vista al campo e inició el repliegue. Este Celta concede muy poco tiempo para las lamentaciones.
Árbitro: Pino Zamorano (Colegio castellano-manchego), que amonestó a Carlos Caballero, así como a Álex López, Toni, Cristian Bustos, Bellvís y De Lucas.
Incidencias: Partido disputado en el Nuevo Arcángel, con terreno de juego en buenas condiciones, ante 11.255 espectadores, la mejor entrada en lo que va de temporada.
Alberto, Fernández, Gaspar, Tena, Fuentes; Borja, Hervás (Pepe Díaz, m. 64), López Garai, López Silva (Quero, m. 75); Caballero; y Patiño (Fede Vico, m. 70)
Yoel; Hugo Mallo, Oier, Catalá, Bellvís; Oubiña, Alex López (Cristian Bustos, m. 63); Quique de Lucas, Rodríguez (Toni, m. 53), Orellana; y Bermejo (Joan Tomás, m. 53).