Después del subidón, provocado por la maravillosa victoria sobre Francia, todo parecía más fácil y accesible, pero estamos en la competición más dura del mundo. Además no olvidemos que franceses, daneses y alemanes ya saben lo que es perder. La igualdad es máxima y los partidos se resuelven por la mínima y en los últimos minutos.
Debíamos rematar la faena pero delante tuvimos una gran selección que supo recoger los frutos de nuestra autocomplacencia en la primera parte. Nos faltó intensidad, concentración y velocidad. Los extremos ni tocaron el balón. Estrechamos el campo para beneficio de su defensa 6:0.
La segunda parte fue según el guión. Defendimos, corrimos y no dimos facilidades, pero los húngaros lo hicieron todo bien y con el factor suerte de su lado.
Para el anecdotario arbitral quedarán las dos decisiones tomadas en los últimos veinte segundos.
El horizonte se ve despejado. Las consecuencias de nuestra hazaña contra los franceses las rentabilizaremos en la segunda fase. Una pena que parte de ese crédito se nos haya esfumado. Ahora a ganar a los rusos para asegurar la primera plaza.
Juan J. Fernández es profesor del INEF Galicia y Vicepresidente de la Asociación de Entrenadores