El campeón duplicado

toni silva REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

Vettel certifica en Japón su segundo título cosechado con la experiencia del 2010

10 oct 2011 . Actualizado a las 12:43 h.

En el año 2007, Sebastian Vettel abandonó entre lágrimas el Gran Premio de Japón. Entonces en Toro Rosso, acariciaba por primera vez en su vida auparse al podio de la fórmula 1. Pero el alemán se despistó en medio de la torrencial lluvia y arruinó su carrera llevándose por delante a Mark Webber. Cuatro años más tarde, Vettel ha vuelto a llevarse por delante al australiano. Y a Fernando Alonso. Y a Lewis Hamilton. Y a todos los pilotos de la historia que solo han conseguido un título mundial. Porque el alemán certificó en Suzuka su segunda corona, un hecho madurado desde el ecuador de la temporada. A diferencia del 2010, cuando se proclamó campeón en el último suspiro y merced a un error garrafal de Ferrari, Sebastian Vettel ha disfrutado cada segundo de este mundial que aún guarda cuatro carreras en el guion, las sobras que sus rivales ansían devorar para llevarse algo a la boca en un año dominado de forma insultante por Red Bull.

Jenson Button recogió ayer parte de esas migas con un triunfo en Japón, seguido a poco más de un segundo por Fernando Alonso y Sebastian Vettel, quien así pudo celebrar el título desde el podio. El piloto asturiano pronosticaba a principios de año que el éxito del 2010 dotaría a Vettel de un sosiego que le haría más peligroso. «Tendrá experiencia y sabrá estar tranquilo en ciertos momentos», señaló. Porque el primer título del alemán estuvo también coronado por graves pifias como la colisión con su compañero de equipo en Turquía, la salida de pista en Australia, el pinchazo que forzó en Silverstone o la colisión con Button en Bélgica. Este año, en cambio, sus despistes se han reducido a una salida de pista en Canadá ante la presión de un McLaren. Y aún así, aquello lo pagó con un segundo puesto en la carrera.

Por otro lado, Sebastian no ha tenido que destinar parte de sus energías en una nueva guerra civil con Mark Webber. El australiano, con un rendimiento muy inferior al del 2010, no ha sido obstáculo ni para el alemán ni para el equipo, que se ha visto con las manos libres para concentrar los mejores recursos en el joven piloto, que acostumbra a bautizar a sus monoplazas con nombres de mujer. El que le acaba de hacer campeón se llama «Pervertida Kylie» y Red Bull ya anunció que se la podría llevar a su casa si conseguía el título. Allí Kylie (en homenaje a la cantante australiana Kylie Minogue) se reunirá con la «Seductora Liz», montura del 2010, que alternó con otro chasis llamado «Mandy la cachonda». Así es Vettel.

El alemán también reconoce su obsesión por colocar su nombre en todos los récords positivos de los libros de fórmula 1. Ayer consiguió uno que Fernando Alonso creyó podría mantener durante muchos años: ser el piloto más joven en ganar dos títulos consecutivos. Vettel le batió con 24 años, 3 meses y 7 días.

Los pilotos rivales no dudan en alabar el monoplaza creado por Adrian Newey, unas frases que cuestionan la calidad de Vettel como piloto. Pero este se ha empleado a fondo para ganar en todo tipo de suertes. Si bien la mayoría de los triunfos comenzó a labrarlos en la calificación del sábado con la consecución de la pole position (acumula nueve), también ha sabido someter a Alonso y Hamilton con espectaculares adelantamientos. Vettel ha crecido como pilotos y también en autoestima. Ya no tiene ídolos porque él es el rival a batir. En el pasado Gran Premio de Italia, tras superar a Alonso pisando la hierba, solicitó a los comisarios y a la FIA que investigaran la maniobra del español. Sigue con su cara de niño pero ya es un hombre entre los mejores.

A principios de año se intensificó el rumor de su marcha a Ferrari. Y en Alemania le ven como el heredero de Schumacher, por lo que piden su paso a la Scuderia. Red Bull zanjó el debate renovándole hasta el 2014 mientras Vettel recurría al sentido del humor: «Le he preguntado a mi madre y Michael no es realmente mi padre».

Este año no ha tenido que gastar energías en una guerra civil con Mark Webber