El bisonte resopla en el Angliru

Juanjo Cobo gana en la cima asturiana y se viste de rojo tras dejar atrás a Nibali, Purito yWiggins


redacción / la voz

Subir el Angliru en bicicleta posiblemente invite a dejar el ciclismo. Los corredores, en su fueron interno, mientras reptan a pedaladas por la Cueña les Cabres, que alcanza un desnivel del 23,6%, se preguntan qué diablos hacen allí. Pero hay quien recorre el camino inverso. Quien encuentra allí un sentido a lo andado. Quien halla un lugar para la resurrección. Como Juanjo Cobo. El cántabro del Geox flirteó en más de una ocasión con la retirada. La última, hace solo tres meses. Su director, Josean Matxin, lo convenció para que siguiera sobre las dos ruedas. Y el Angliru le dio la razón. La cima asturiana coronó a Cobo, vencedor de la etapa y nuevo líder, despojó del maillot rojo a Bradley Wiggins y destronó al vigente campeón, Vincenzo Nibali. El británico perdió 1 minuto y 21 segundos. El italiano cedió poco más de dos minutos y medio. El bisonte se marchó a siete kilómetros de meta. Y nadie resistió su embestida.

En el Geox, el equipo en el que milita el gallego David Blanco, Cobo no partía como caballo ganador para la Vuelta. Carlos Sastre y Denis Menchov lucíanmás galones. Fueron los kilómetros los que dieron al cántabro el rango de jefe de filas. El día anterior, en la etapa de La Farrapona, Matxin había sacrificado a David de la Fuente. Le ordenó a su corredor, que compartía fuga con Taaramae, que renunciara a luchar por la etapa para esperar a Cobo. Se antojaba una decisión arriesgada que lindaba con la arrogancia. Pero resultó ser un buen espaldarazo a su pupilo, un hombre de ánimo frágil necesitado de argumentos a su favor que ya había sufrido una depresión en el Caisse d?Epargne.

Sucesión de ataques

En el Angliru probó Carlos Sastre, que intentó seguir los pasos de su cuñado, el Chava Jiménez, primer vencedor en esta cima. Saltó Igor Antón en busca de redención en una Vuelta gris. Pero solo Cobo pudo abrir una herida mortal. Con un desarrollo más propio de bicicleta de montaña (34-32), se marchó hacia el triunfo. Las rampas superaban allí el 20% de pendiente. Al volante del grupo de aspirantes quedó Chris Froome, lugarteniente impagable de Wiggins. Nibali fue el primero en abandonar ese barco de perseguidores. No aguantó el ritmo de Froome y se dejó ir. Después cedió Purito. Por delante, Cobo mantenía su cadencia sin importarle la crueldad de la ascensión. Cuando Froome flaqueó, Wiggins sintió que perdía su muleta, tuvo dudas y la diferencia del español creció. Los dos corredores del Sky se retorcieron en la Cueña les Cabres como si el aire quemara sus espaldas. Finalmente, Wiggins cedió a la tortura y liberó a su compañero.

Cobo, menos humano que el resto, levantó en la meta los dedos de una mano a modo de cuerno. Había ganado el bisonte. Un bisonte que prefiere las cumbres a las praderas. Que pasó de la estampida al triunfo.

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