Veinte años del amarillo

El 19 de julio de 1991 Indurain fue líder por primera vez


redacción / la voz

Hay días que cambian el Tour. Simples fechas que marcan la historia. Como el 19 de julio de 1991. Hoy se cumplen veinte años desde que Miguel Indurain se enfundó el amarillo por primera vez. El gregario de Perico Delgado se convirtió en jefe de filas. Acabó en lo más alto del podio de los Campos Elíseos, acompañado de Gianni Bugno y Claudio Chiappucchi. E hizo suyo el maillot de líder las cuatro siguientes ediciones de la ronda francesa.

El navarro comenzó la grande boucle a contrapié, como le ha sucedido este año a Alberto Contador. En la primera etapa en línea de la carrera, en Lyon, se produjo una caída en el pelotón. Y Delgado e Indurain se quedaron cortados. Aquel día les tocó sudar. Finalmente cedieron 1 minuto y 44 segundos con el estadounidense Greg Lemond, uno de los grandes favoritos.

Aquella mañana de julio, cuando el pelotón partió de Jaca, con 232 kilómetros de recorrido por delante, Luc Leblanc ocupaba el liderato y Lemond era el segundo clasificado. Tenían que superar los puertos de Portalet, Aubisque-Solour, Tourmalet, Aspin y Val Louron.

Descenso hacia la gloria

Indurain no ejecutó su asalto a la general en una subida o en una crono. Prendió la chispa en el descenso. Decidió quemar sus naves en la bajada de un coloso, la del Tourmalet. Cerca de la cima se hizo patente la debilidad de Lemond. Delgado ya se había descolgado, despejando las dudas sobre la jefatura de filas en el Banesto. E Indurain se lanzó a una velocidad suicida cuando faltaban unos sesenta kilómetros para la meta y cuando todavía faltaban dos ascensiones, la del Aspin, ese hermano menor que suele ir de la mano del Tourmalet y que pertenece al círculo de la muerte del Tour, y la subida a Val Louron. Chiappucci decidió ir a por el navarro y este recibió la orden de esperarlo. El perseguidor se antojaba un buen aliado en el camino que quedaba por andar. El pacto estaba servido. El triunfo de etapa, para el italiano. El amarillo, para el hombre de Echavarri y Unzué. Todo un símbolo de la filosofía de competición que mantendría Indurain en toda su carrera. Será por eso que cuando al Diablo se le pregunta si prefiere a Indurain o Lance Armstrong siempre elige al primero, sin dudar.

Los ataques de Bugno

Pero, a pesar de la exhibición de sus rivales, Bugno no se resignaba. Y tenía los Alpes a su disposición. Sus cuatro latigazos en Alpe D?Huez no hicieron temblar al líder, que no perdió su estela. El jefe de filas del Gatorade tuvo que conformarse con el triunfo en la cumbre.

Indurain estiró sus diferencias en la general imponiéndose en la última contrarreloj. Fue el patrón de la carrera francesa durante cinco años consecutivos. Pero aquel dominio incontestable también fue una losa que pesó sobre ciclistas como Abraham Olano o Alejandro Valverde, asfixiados por las exigencias de suceder a una leyenda. A ellos, sin saberlo, también les cambió la vida una fecha. Aquel 19 de julio de 1991.

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