Aunque este año más que una carrera ciclista parezca una sesión del circo romano, cada primera semana del Tour suele dejar fuera de combate a muchos ciclistas. Esta vez no ha habido adoquinado, tierra u otras emboscadas que en anteriores ediciones causaban pánico desde que se presentaba el recorrido. Yo suelo decir que, aunque las 21 etapas fuesen llanas y por autovía, el Tour no perdería emoción y drama. Vale, es una exageración, pero es que a la carrera francesa van los mejores equipos, con sus mejores ciclistas y en su mejor estado de forma del año. Por ello el ritmo es tremendo y hay pelea por estar delante, lo que provoca caídas y un desgaste que se acaba pagando. Mi compañero de comentarios en Eurosport Eduardo Chozas suele decir que cuando participaba en el Tour estaba deseando que llegasen las etapas de montaña, porque en ellas ya cada uno iba en su sitio -el suyo delante, ganó cuatro etapas-, y se acaban los nervios y montoneras de la vertiginosa primera semana.
Hasta el jueves no empieza la alta montaña y varios de los jefes de filas ya están en casa y algún otro, entre ellos Contador, se encuentra magullado por las caídas; con todo, tuvo suerte el domingo porque una caída sin arrastrón como el que sufrió te puede fracturar un hueso de la cadera. Cierto es que la montaña no asusta sobre el papel como la del Giro o la Vuelta, carreras en las que cada año aparece una nueva subida que hasta entonces solo usaba un rebaño de cabras con su pastor. Me decía esta mañana un amigo -a quien le pierde su pasión por la bici y por los deportistas españoles- que no ve dureza suficiente como para que Contador saque ventaja a Schleck. Yo he tratado de convencerle de que al Tour no le hace falta, porque tanto por el ritmo al que se suben esos puertos ?cierto que en principio menos duros que los de los Dolomitas, Angliru o Bola del Mundo-, como por lo cascados que llegarán allí los ciclistas, con las seis etapas de puertos clásicos ?tres en cada cordillera- hay dureza más que suficiente. Y está la crono de Grenoble para que, si el madrileño está mejor que el luxemburgués, gane su cuarto Tour. Pero claro, tiene que estar mejor; algo que, y ojalá la caída del domingo no le impida rendir a tope, comenzaremos a saber el jueves. Raro sería que en los Pirineos se decidiese el Tour entre los dos candidatos, pero la desventaja con la que llega Alberto va a motivar que no desperdicie ninguna meta en alto. Mientras que Andy, sin la obligación de atacar, tendrá que enseñarnos su verdadero estado de forma.