Ahora mismo toca mirar a Gijón. Transcurrieron media docena de jornadas de Liga y de aquella carrera de 10 tramos ya se cubrieron más de la mitad y faltan seis para romper la cinta de llegada sin que en el trayecto recorrido hubiera motivos favorables para recortar los temores conocidos y ahora agravados. Decirlo así no vende, pero por fuerza hay que decirlo sin caer en ese forofismo que perjudica porque lo que hace es ocultar la realidad. Esto es perjudicial.
Cierto que los resultados de la última jornada perjudicaron notablemente al Deportivo, pero cierto también que, si se le hubiera ganado al Atlético en Riazor, el equipo coruñés estaría ahora con 41 puntos, igual que la Real Sociedad que respira mejor al verse con ocho equipos por debajo. El problema no se debe a los triunfos inesperados que consiguieron otros equipos, sino que nace del fracaso propio al no sumar los del sábado pasado, jugando en casa y contando con el apoyo que prestaron los miles de seguidores desde los graderíos de Riazor.
Esa es la realidad que debe admitirse sin paliar las causas que llevaron al Deportivo a una situación que, afortunadamente, no va más allá de una seria amenaza de descenso, tal como daba a entender La Voz de Galicia ayer en su primera página de la sección deportiva: «El Deportivo se asoma al abismo». Esto decía el periódico, mientras el comentario de la calle mira para Gijón y pide el máximo esfuerzo de su equipo para sumar los puntos del próximo sábado.