El Málaga-Deportivo (0-0), antes de ser jugado, nos lo habían presentado como un partido vital para dos equipos que están jugándose, sino la vida sí su permanencia en Primera. Tal era la impresión antes de que rodara el balón pues, en la ciudad malagueña, se había creado un ambiente extra de apoyo a su equipo haciendo ver que, ganar a los coruñeses, equivaldría a recibir una carga de oxígeno que ayudaría para cubrir con éxito la «carrera de 8 tramos» a la que nos referíamos aquí hace un par de días. Eso decían en Málaga, y lo que se comentaba en los aledaños de Riazor no hace falta repetirlo porque es sabido, no solo en este momento sino porque viene repitiéndose partido tras partido.
Refiriéndonos a lo de ayer en la Rosaleda, justo es resaltar que el Deportivo, perjudicado por la extraña expulsión de Laure que obligó a jugar todo el segundo tiempo con diez hombres, el equipo se agigantó ofreciendo esa imagen que el seguidor aspira a ver siempre, y más todavía cuando el partido se juega fuera de casa frente a un rival también muy necesitado de ganar y que busca los puntos con la ansiedad del sediento. En pocas palabras, decir que en una supuesta prórroga el Málaga tampoco terminaría inclinando la balanza de su lado. Cierto que era dueño del balón, pero el Deportivo defendió la parcela más próxima a la portería de Aranzubía, siempre con orden y sin volver la cara.
Admitiendo que el empate del campo de La Rosaleda tampoco originó por aquí un derroche de euforia, es manifiesta la alegría porque el resultado es un éxito en el primero de los 8 tramos a cubrir. Y el próximo domingo viene a Riazor el Racing de Santander.