Lo que de verdad le importa a Lendoiro

DEPORTES

Lendoiro cumplió con su ritual. En un día impropio, en un lugar alejado del centro y escondiendo información a los accionistas durante los días previos, (es decir, como siempre) celebró la junta. Tal y como se esperaba, con una asistencia escasísima, la sacó adelante gracias a la delegación de acciones que dice poseer y sobre la que, cada año, obliga a los deportivistas a tener que hacer un auto de fe sobre su autenticidad. Ayer no hubo nada nuevo, ni siquiera la difícilmente superable exhibición de egolatría del presidente. Resulta difícil discernir si Lendoiro intenta hacer ver que el Dépor y su persona son la misma cosa fruto de una estrategia frente a los críticos, o es que para Lendoiro o noso deportiviño no es más que el decorado de lo único que le importa: él. Estamos en la segunda opción. Y así se entiende el desprecio con que ha tratado desde hace años a los pequeños accionistas. Y lo del uno por ciento del sueldo, y lo de los presupuestos inflados, y su indigencia democrática, y su nepotismo y sus reiterados insultos. Todo ello es fruto de que no actúa como presidente del Dépor porque un decorado no se preside, simplemente se manipula y se adapta a conveniencia. Cualquier día nos encontraremos en una junta de accionistas en la que Lendoiro sacará adelante con la representación de acciones que dice tener un único punto del orden del día: «Cambio de nombre del Real Club Deportivo de La Coruña por el de Real Lendoiro». Se quedaría tan pancho.