Y de repente un extraño en la convocatoria del Mundial de fórmula 1. El alemán Nico Hulkenberg destrozó la lógica matemática de este deporte con una pole estratosférica en Brasil. Lo hizo delante de los jerarcas que dirimen el título. Delante de los Red Bull, en apariencia los coches más rápidos del fin de semana paulista. Y también delante de Fernando Alonso. Una muralla china se ha levantado ante el español para hoy (17.00 horas, La Sexta). Saldrá quinto, por detrás de sus enemigos energéticos Vettel y Webber, del siempre comprometedor Hamilton y de la joven sorpresa alemana.
Situación que pone al rojo vivo el Mundial, con una salida de infarto en la que el líder saldrá por la parte limpia, pero por detrás de sus rivales al título: el siempre agresivo Hamilton, los dos Red Bull y el desconocido Hulkenberg.
Sesión con lluvia
El día se envenenó para Alonso al ritmo del augurio negruzco que estableció el motor roto del sábado. No viene Brasil de cara para él y a la vista de los rescoldos, más se adivina un procedimiento para limitar daños antes que atacar el campeonato. Salvo repetición del desastre de Red Bull en Corea, el Mundial apunta directo a la resolución en Abu Dhabi. Pendió de un alambre el asturiano en una sesión estresante, lluvia sí, lluvia no, y los garajes en ebullición sin saber cómo y cuando había que montar neumáticos de seco. Entró alguien a probar y entraron todos cual rebaño ordenado, no fuera que el listo de turno se saliese con la suya. El agua esparcida por la pista durante la mañana provocó un caos general en la hora de las estrategias.
Alonso navegó al límite, siempre al borde de la eliminación en las guillotinas de la Q, y según dijo, a bordo de un Ferrari que es «diez kilómetros por hora más lento en las rectas que el Red Bull y el McLaren». Es el mensaje que el ovetense viene propagando entre sobreentendidos desde hace unas semanas. El Ferrari no es el mejor coche de la temporada y él es el líder de la general. Desde luego este sábado fue el objetivo de los caimanes. Los Red Bull apenas han permitido unas migajas este año durante los sábados.
Solo en Monza su coche fue manifiestamente inferior y en Singapur no estuvo a la altura de un Alonso efervescente. Lo demás ha sido casi un monólogo salpicado por incursiones furtivas de algunos.
Hamilton logró la pole en Canadá, Alonso en Italia y Singapur, y ayer el cachorro Nico Hulkenberg (Williams) por una acertada estrategia en el cambio de neumáticos. El resto se traduce en primeros puestos de Vettel o Webber, ayer segundo y tercero.
Pugna en Red Bull
También en Brasil mandan por encima del afán competitivo de Alonso y de su pétrea resistencia como líder del Mundial, siempre al rebote. Red Bull debería haber ganado ya el campeonato y si no lo hace es porque tiene dos gallos de idéntico pelaje en el mismo corral. «Tal y como venía el día, el objetivo fue no quedarme fuera de la Q3 -dijo Alonso, sin rastro de angustia-. No ha cambiado nada respecto al año. Los Red Bull siempre han estado por delante». La salida, como siempre, manda en la fórmula 1. La misma curva a izquierdas y la ese posterior en la que se pelearon Hamilton y Alonso en el irritante 2007 de McLaren. Es posible que hoy, a lomos del mismo ardor guerrero que entonces, los tiburones de Red Bull nos den una alegría por su trifulca interna -«si Webber tiene problemas, que vaya al médico», dijo Vettel-, y liberen el espacio para mayor gloria del español. «No es mi asunto. Si tienen problemas los debe resolver el jefe del equipo. Mi objetivo es marcar a Webber, quedar por delante», apuntó Alonso.