Duro, pero noble. Así era como futbolista Juan Carlos Arteche, uno de los jugadores más queridos por los aficionados del Atlético de Madrid, el mítico defensa central de la década de los setenta y ochenta que falleció la madrugada del miércoles, a los 53 años, víctima de un cáncer de riñón.
Llevaba 33 años casado con Rosa. Tenía tres hijas, y estaba enamorado del Atleti, aunque el jugador cántabro nunca tuvo el homenaje que merecía porque debió salir del club rojiblanco por la puerta de atrás, despedido de mala manera por Jesús Gil después de defender la camiseta rojiblanca durante 11 temporadas. «He sido uno de los pocos en este país que le han hecho frente a Gil», presumía el valiente Arteche, intimidador dentro y fuera del campo, temido y odiado por los rivales e idolatrado por una afición que le puso un apodo excesivo dada la limitada técnica del expeditivo y contundente zaguero: Artechenbauer .
Era un central de los de antes, el espíritu del Atlético de mediados de los ochenta, el jefe de un vestuario plagado de futbolistas de cantera. Comenzó su carrera en los juveniles del Racing de Santander y llegó al equipo rojiblanco con 21 años, en 1978, pero decidió retirarse a los 32, cuando aún tenía ofertas y le quedaba alguna temporada más en la élite: «Si quería seguir jugando al fútbol tenía que llegar a un acuerdo, pero no di mi brazo a torcer. Era un problema de dignidad. A mí este tío [Gil] no me toma el pelo, me dije. Por eso tuve que dejarlo antes de tiempo». Llevó a los tribunales al dueño del Atlético y le ganó todos los juicios por despido improcedente.
Con el himno de su Atleti como melodía de su móvil y el carné de abonado, acudía a cada partido al Vicente Calderón, y seguía jugando al golf, otra de sus grandes pasiones, y al pádel. El luchador y fortachón Arteche, dedicado a la venta de artículos deportivos, siguió haciendo «vida normal» hasta los últimos días que pasó ingresado.
También era presidente de la Fundación Deporte y Vida para la prevención contra la droga y comentarista de radio, el medio que en 1988 fue la puntilla para su despido porque concedió una entrevista a José María García, enfrentado a Gil. Al día siguiente, el propietario del Atlético, en pleno césped de La Rosaleda, expulsó del club al «indigno» Arteche. Los otros despedidos fueron Setién, Quique Ramos y Landáburu.
Arteche ha sido el cuarto jugador en la historia del Atlético que más partidos ha disputado (308), tras Adelardo, Tomás y Collar. Conquistó la Copa del Rey y la Supercopa de España de 1985 y fue internacional en cuatro ocasiones. El mundo del fútbol está de luto por Arteche, representante de un espíritu y un carácter que no puede olvidar el Atlético. Hoy será incinerado en el cementerio madrileño de la Almudena.