Primer tiempo sin historia. 45 minutos anodinos por la baja calidad de un partido que para el Deportivo se presentaba con pronóstico adverso. Las apuestas ofrecían 4,50 euros por el triunfo coruñés, mientras el local se cotizaba a 1,80. El dinero tenía color amarillo. Puesto el balón en juego, aquello se niveló con más trabajo en el campo deportivista, en donde funcionaba el sistema defensivo, con todos los hombres, salvo Adrián; un atacante (?) perdido en zona enemiga. Hasta el minuto 33, las ilusiones coruñesas seguían en pie, entre otras razones porque el juego se tornó lento, reiterativo en los ataques del Villarreal, siempre rotos por Lopo y compañía hasta ese fatídico minuto, cuando un balón terminó en el fondo de la portería. Hay goles decisivos pero, hasta el segundo tiempo, los de Lotina estaban ahí.
En la continuación no cambió el panorama. Es verdad que mejoró el Deportivo, que acertó a jugar más cerca del marco contrario, siempre sin remate. Al final, Lopo terminó jugando de delantero centro. Ni así.