Mosquera se atornilla al podio

Mariluz Ferreiro REDACCIÓN/LA VOZ.

DEPORTES

Distanció al cuarto clasificado a 1 minuto y 50 segundos con su ataque en los Lagos, donde ganó Barredo

13 sep 2010 . Actualizado a las 02:07 h.

En los Lagos de Covadonga emergió el Ezequiel Mosquera jefe de filas. Fue en el 2007. El Xacobeo, entonces Karpin, se presentaba en la Vuelta sin un líder claro y manejando otros nombres de cara a la general. Pero allí se ganó su sito el teense. En el 2010 la cima asturiana le ha servido de trampolín para volver a cambiar de estatus. De aspirante a podio a candidato al triunfo. Porque Mosquera ayer se atornilló al tercer puesto, a la zona noble de la general. Volvió a atacar. No consiguió la renta deseada sobre Nibali y Purito Rodríguez. Pero alejó a Tondo. Ahora el cuarto clasificado es el eslovaco Peter Velits, del Columbia, a 1 minuto y 50 segundos.

Mosquera se atasca con el calor y sale a flote con el agua y el frío. Ayer sonrió al encontrarse por fin con un día gris y feo, con el aliño del orvallo. Y pensó en la general y en un posible triunfo. La victoria se le escapó porque la fuga llegó a buen puerto. De entre los aventureros, el asturiano Barredo fue profeta en su tierra marchándose en solitario en una cima que conoce de sobra y levantando por fin los brazos.

El Xacobeo fue calentando a los gallos antes de iniciarse la ascensión y en las primeras rampas. El tren gallego tiró con Vorganov y Delio Fernández. Aunque fue Veloso el que estiró el grupo. Rabuñal, que había quedado descolgado, resucitó y también dio su relevo. El siguiente fue David García. «El equipo hizo un pasodoble. Veloso puso una marcha que me tenía contento (risas). No iba súper. Ahí me tocó sufrir. Cuando tiró Kreuziger fue un alivio», reconoce Mosquera.

El gallego había visto a Nibali nervioso, «saliendo a algunos cortes». Pero ninguno cedía. Y todos se vigilaban. David García le preguntaba a su líder cómo iba. Entonces arrancó Sastre y Mosquera salió a su rueda. El ciclista del Xacobeo encontraba un buen compañero de baile, un corredor diésel como él para afrontar la subida. «En Peña Cabarga Sastre había subido bien. Ayer tensó el grupo. Arrancó con su estilo, sin mucha chispa, pero manteniendo el ritmo. Pero se paró más pronto de lo que creía. Y yo simplemente seguí», apunta Mosquera. «Cuando me fui quedaba mucho hasta la meta. Iba pensando que podría meterles más tiempo arriba, más de los 11 segundos que conseguí», añade.

Mosquera avanzaba en solitario. Nibali y Purito resistían. La diferencia se movía entre los 12 y los 19 segundos. Tondo desaparecía del plano. El gallego miraba hacia atrás insistentemente. La brecha no parecía definitiva: «Los veía cerca, buscaba referencia visual. Pensaba que en cualquier momento podrían alcanzarme. Además, no oía la radio. Llevaba empapado el auricular y no sabía si ellos venían a 9, a 19 o a 29 segundos». Tampoco se acordaba bien de la subida. «De repente, me encontraba con el llano y me sorprendía», reconoce. Y el firme tampoco ayudaba. «Creo que había musgo en el asfalto, porque al ponerme de pie se me iba la rueda de atrás», señala. Sí lo empujaba el público, «miles de gallegos que me ponían la carne de gallina».

Pero otra vez la Vuelta fue avara con el más ambicioso. No logró bonificación, porque llegó por detrás de los fugados. Sin embargo, en la meta volvió a lucir sonrisa. Se ha ganado el derecho a mirar la general hacia arriba y no hacia abajo. David García, a pesar de su caída en los Lagos, se coloca en el puesto doce. «Es como un gato, se fue al suelo y al momento ya estaba de pie», apunta Mosquera.

Pasan las etapas y el jefe de filas del Xacobeo no cambia de discurso. «En Cotobello, más de los mismo». La general le da la razón.