Ha tocado podio. Pero no olvida que el liderato está a 50 segundos. Y en el camino hacia Madrid queda mucha montaña. Por eso Ezequiel Mosquera promete atacar sin perder de vista la posibilidad de ganar la Vuelta. «Hay que dar más leña al mono sin renunciar a nada», asegura.
El teense reconoce que a nadie le agrada ser testigo de una caída como la de ayer. «Y menos en el caso de Igor Antón, un tío que es un pedazo de pan y que ya vivió esto hace dos años. Pero en estas situaciones siempre hay perjudicados y beneficiados. A mí me tocó mi dosis de infortunio el año pasado», explica. «Es cuestión de suerte. Cien metros antes del lugar de la caída iba a setenta por hora comiendo una barrita energética y con una sola mano sobre el manillar. En esas condiciones me hubiera ido al suelo», comenta.
El teense indica que la etapa dio buenos frutos para él en la general, aunque no tuvo las buenas sensaciones que le llevaron a atacar en Andorra. «No estuve cómodo con el calor y la humedad. «Al bajar la penúltima cima me bebí medio litro de sales y aún así llegué con las piernas secas», explica. «En Peña Cabarga David García iba como un Sputnik y todo el rato me iba preguntando si tensaba el grupo y yo le respondía que no. Él se sentía bien y quería reventarlo todo», cuenta. «Creo que Nibali y Purito estaban esperando a que arrancara yo y, cuando vieron que no me movía, atacaron ellos. No pude seguirlos, medí la distancia e hice una cronoescalada hasta arriba. Estuve a punto de cazar a Nibali, pero en los últimos cien metros apretó el ritmo», relata.
Cree que, sin Antón, el hombre más peligroso es Nibali. «Es un tipo que gana cronos y nosotros tenemos que afrontar una de 46 kilómetros, que son muchos», indica. Anuncia una posible guerra, con el Liquigas controlando la carrera y Purito intentando arañar segundos en las bonificaciones. Quizás él pueda pescar en esas aguas revueltas. Le gusta el puerto de los Lagos, «una cima mítica, con sabor». Además, confía en los suyos. «Del primero al último, porque no guardan un cartucho para ellos», concluye.