Cinco maratones y primer puesto de finalista. No está mal como tarjeta de presentación para Alessandra Aguilar en la mítica distancia. En Barcelona, la lucense había pregonado su intención de entrar entre las ocho primeras con una carrera inteligente y acertó de pleno. Alcanzó un séptimo puesto que colma sus aspiraciones y le permite presentar sus cartas para una distancia en la que la aguarda un largo recorrido. «Estoy feliz en esta distancia, me encanta el maratón», comentó a La Voz después de la prueba.
Alessandra Aguilar (Lugo, 1978) no se dejó llevar por la emoción de correr en casa. Llevaba todo un año dedicada a la preparación del maratón de Barcelona y no lo iba a estropear por una cuestión emocional. Sabía de la humedad y el calor de la Ciudad Condal y lo fió todo a una táctica conservadora. «La gente ha sido muy prudente -dijo-, pero aún así han caído muchas rivales. Sabía que tenía que esperar mi momento».
No entró en ninguna de las escaramuzas iniciales, le dio igual que el grupo de favoritas marchase a buen ritmo durante casi 25 kilómetros. En su hoja de ruta ponía bien claro que la hora de recoger cadáveres coincidiría con el mediodía y con un sol abrasador sobre las calles de Barcelona. Y así fue, aunque para colocarse en la mejor de las disposiciones tuviese que afrontar un desgaste importante entre el kilómetro 25 y el 30, y sufrir un pequeño bajón en el parcial siguiente. «Lo pasé mal entre el 30 y el 35 porque era cuesta arriba, la zona más dura, y encima iba sola», recuerda.
Con fuerzas en la reserva y con la mente despejada, se lanzó a por el puesto de finalista a falta de siete kilómetros. Cuando las piernas pesaban en todas las competidoras, a excepción del triplete del podio (la lituana Zivile Balciunaite, oro; la rusa Nailya Yulamanova, plata, y la italiana Anna Incerti, bronce), ella fue la más fuerte en el tramo final del recorrido.
En el medio maratón, Alessandra estaba a más de un minuto de la cabeza y habitaba entre las 15 primeras, pero en el kilómetro 35 ya era décima y ya había dejado atrás a la portuguesa Marisa Barros, que durante el primer tramo encabezó la prueba. A falta de dos, ya fue capaz de cazar al grupo que la antecedía para entrar en la meta séptima, con un tiempo de 2 horas y 35 minutos, aunque con semejante calor la marca era lo de menos. Lo importante era el puesto.
Y el puesto demuestra una evolución importante en una prueba tan dura. Después de su irrupción en el 2008 en Róterdam consiguiendo en su primer maratón la mínima para Pekín, en las citas oficiales siempre ha dado un paso adelante.
En los Juegos finalizó en la posición número 54, en el Mundial de Berlín del año pasado dio un salto hasta la vigésimo cuarta plaza y en el Europeo fue séptima. El podio ya no está tan lejos.