Lo sucedido en Riazor era lo que venía pidiéndose repetidamente. Ganarle al Mallorca fue el resultado de un partido que el equipo coruñés buscó a pulso, peleando en el segundo tiempo tal como sus seguidores le venían demandando partido tras partido. Sobre todo en el segundo tiempo los de Lotina se emplearon con ansias, sin volver la cara en ningún momento y confiando en unas posibilidades que, creo yo, se multiplicaron con la entrada de Filipe Luis. Entonces el marcador estaba 0-0 y pareció como si el brasileño pisara el terreno diciendo a sus compañeros «¡vamos a ganar...!». Ganaron (1-0) repito que merecidamente porque en el tramo final podríamos decir que el 2-0 estuvo más cerca que el empate por el que suspiró inútilmente el Mallorca, frenado una y otra vez por la mejor línea coruñesa que sigue siendo la defensiva. Visto lo visto, es por lo que están más que justificadas las críticas y lamentaciones ante lo que venía ofreciendo el conjunto coruñés. Ganar, como se logró ayer, era la continuada petición de los seguidores.