Ayer fue domingo de goles fulminantes. En Pamplona, al Zaragoza le hicieron un gol a los 16 segundos y, en Riazor, a los 34, al Santander. El paisano, cuando vio el 1-0 de Riki comentó: «¡Vaya, se conoce que hizo efecto el discurso de Lotina a los jugadores...!» Creo que este no es el gol más rápido en subir al marcador, favorable al Deportivo. En la década de los 50, Pahíño, en Riazor, consiguió uno a los 12 segundos. Metidos en esto, decir que en Córdoba, le hicieron un gol al Numancia a los 30 segundos. Seguramente que hubo más goles supersónicos pero con estos tengo bastante para hilvanar un penoso comentario del Deportivo-Santander, que comenzó como pedía Lotina y terminó como deseaba Portugal que, enfundando en un terno de alpaca a medida, suspiraba por un balón como el que centró Munitis y terminó en las mallas de la portería coruñesa. Faltaban poco más de 5 minutos para el final. Un duro revés para este Deportivo que en toda la segunda vuelta solo ganó dos partidos. Cuando esto sucede, no es solo por mala suerte.