La diferencia era abismal. El Deportivo tenía que ganar para seguir a tiro de ir a Europa, y perdió. El Valladolid necesitaba vencer en Riazor, sino para salvarse sí para reforzar esas esperanzas que conservan todos los equipos en tanto no se ven definitivamente metidos en el ataúd. Y este Valladolid, que ayer superó en los dos tiempos a los de Lotina, regresó a la capital vallisoletana muchísimo más entero para mirar su futuro. Supo afrontar, de principio a fin, este partido y de su actuación puede repetirse el párrafo tan conocido cuando se habla de un equipo en crítica posición y termina ganado por propios méritos un partido: «Jugando así, el Valladolid tiene posibilidades de evitar su descenso».
La frase viene al pelo, pero lo difícil está en que no siempre se encuentra enfrente a un Deportivo tan descentrado como el de ayer. Los temores por una derrota coruñesa empezaron a sospecharse por parte de los seguidores deportivistas, ya en el primer tiempo. Y en el segundo, a la vista de la nulidad de los goleadores (?), terminó teniendo penosa confirmación.