Villa volvió a marcar y junto a Sergio Ramos plasmó la enorme diferencia entre ambos equipos
04 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El cuento es simple: Xavi, Senna, Arteta, Mata, Navas y Torres. A Del Bosque le habría valido con los suplentes y los no convocados para sacar ventaja a Francia, línea por línea (la defensa bleu estaba ayer en cuadro por las lesiones). Solo con el excedente del mediocampo español sería suficiente para abastecer a todos los conjuntos del torneo galo. Pero los visitantes alistaron en París una de sus variantes de lujo así que ni siquiera hubo que sudar para desarmar el pseudoequipo montado por Domenech, al que la afición le recordó, desde el inicio, su condición de maldito en casa.
No lo soporta la hinchada y tampoco lo entienden los jugadores, que se hartan de correr tras el balón para no producir nada. Da igual que sean centrales de físico imponente o futbolistas técnicos, como Gourcuff o Ribery: acaban desgastados en trotes en pos de la bola, que apenas dura en sus botas. Presión en bandada, opuesta a la que ordena Del Bosque, que ayer maniató al rival. Además de dejar a los bleus sin una sola ocasión (casi literalmente), propició alguno de los acercamientos al marco de Lloris. Como el que concluyó en el gol de Ramos, en el descuento de la primera parte, tras un robo de Xabi Alonso a Gourcuff en la salida.
El 0-2 llegaba en el tercer disparo de España antes del descanso. El primero fue un cabezazo de Busquets que acarició el palo, y el segundo, el habitual golito de Villa, que exprimió un pase de Iniesta al que Silva no llegó y que Escudé no supo despejar.
La visita al vestuario solo trajo más de lo mismo, con distintas caras, producto del carrusel de cambios, y sin incidencia en el marcador. Faltaron tiros a puerta y sobró toque en defensa y mediocampo, pero es que Francia no exigió en ningún momento y el combinado nacional se limitó a contemporizar. Demostró que en un día regular basta con aguantar la pelota mientras al contrario le aguante el físico. Cuando, como ayer, se trata de una vieja gloria en ruina, el trámite dura apenas media hora.
Ribery, bajo control
Acabado Henry, sirvió con maniatar al galo más activo, Ribery, bien frenado por Arbeloa, que se doctoró en juegos subterráneos. Tres veces trabó al del Bayern antes incluso de que arrancara, sin que el árbitro lo percibiera. Suficiente para anular todo el peligro local (hubo un anecdótico cabezazo al palo de Malouda) y rematar, entre olés, la toma más sencilla de aquel difícil campo de Saint Denis.