Los de Guardiola empatan ante un Stuttgart que entregó la posesión a cambio de las mejores ocasiones
24 feb 2010 . Actualizado a las 10:13 h.El cambio de nivel de juego exigido por Guardiola tendrá que seguir esperando. Christian Gross, autor del milagro de Basilea y actual entrenador y reanimador del Stuttgart, solo tuvo que cumplir con su fama de estudioso del fútbol y empollarse el partido del Barça en el Calderón para calcarlo en el Mercedes Benz Arena. De semejante plagio salió una primera parte casi perfecta de los alemanes que durante cuarenta minutos arrinconaron al Barça como ningún otro equipo hasta la fecha. Cacau y Pogrebnyak emularon a Forlán y Agüero para abusar de un Márquez desesperantemente lento y las ocasiones se multiplicaron. A falta de tiempos muertos, el técnico culé tuvo que esperar al descanso para retocar el juego de los suyos y equilibrar la balanza.
Hasta ese momento, Valdés achicó como pudo y ganó casi siempre la partida a la línea de ataque local. El casi salió de un centro perfecto del lateral Celozzi desde la derecha, ante la atenta mirada de Maxwell, que pudo ver sin estorbar cómo el balón superaba a Piqué y Puyol para acabar en la cabeza de Cacau. El brasileño, titular después de sus cuatro tantos en el último partido de la Bundesliga, la colocó en la red.
No se tapó el Stuttgart, que siguió con la partitura del Calderón: ignorando el centro del campo para empezar el juego en la mediapunta, a donde Hleb, Gebhart y Khedira llegaban como flechas cada vez que los suyos robaban el balón. El bielorruso sirvió el segundo en bandeja, pero Puyol le birló la cartera a Khedira.
Touré y Busquets dieron una lección de incompatibilidad, con Xavi ahogado por la presión. El marfileño no encontró huecos y se trastabilló varias veces regalando ocasiones a la contra. La situación obligó a Iniesta a dejar su puesto en el tridente para ayudar a sacar la pelota. A falta de huecos, Messi se enfangó en carreras estériles, al estilo de las que prodiga con Argentina. Ibrahimovic quedó aislado en punta, donde exhibió su preocupante indolencia.
Messi, al poste
Todo el peligro del Barça lo puso el excéntrico Lehman, quien no acertó a atajar un disparo lejano de Messi que acabó estrellándose mansamente en el poste. En la otra orilla, paraba Valdés. El arquero sacó un mano a mano a Pogrebnyak justo después de que el ruso protagonizara la primera jugada polémica de la noche. Un centro del ariete tocó en el brazo de Piqué, pero el árbitro no entendió voluntariedad. Kuipers inauguraba su serie de extrañas decisiones.
El partido se jugaba en campo visitante, donde el Barça acumulaba posesión y el Stuttgart ocasiones. Y así hasta los últimos cinco minutos de la primera parte, cuando los de Guardiola lograron desperezarse y dieron un giro al rumbo del partido reafirmado tras el descanso.
Ayudó el gol del empate, llovido del cielo después de que Piqué se sumara al ataque para rescatar un balón aéreo y servírselo a Ibrahimovic. El sueco lo convirtió en gol a la segunda, tras estrellar en Lehman el primer intento, mientras la zaga germana pedía falta en el salto del defensa culé.
Con la paridad en el marcador llegó la igualdad en el juego y la ofensiva del Stuttgart cayó en intensidad. Guardiola retiró a Touré y metió a Henry, retrasando a Iniesta. La entrada de Milito por Márquez también ayudó a frenar el ímpetu local, mientras los cambios de Gross no lograban reactivar a los suyos.
Reapareció Kuipers para equilibrar también la tabla de errores, perdonando un penalti y expulsión tras una zamorana bajo palos de Molinaro. El error premió la valentía germana que, como el Lyon el año pasado, maniató al Barça sin más fruto que una clara ventaja culé para la vuelta.