Toda una proeza, y grande, la que el Deportivo protagonizó eliminando a un Valencia que, si es siempre un rival a tener en cuenta, ayer exigió el máximo esfuerzo al equipo coruñés, cuyos hombres aguantaron sin descomponerse después de una primera media hora con todo en contra. El Valencia proclamó que venía a dejar fuera al Deportivo, y llegó a disfrutar de un 0-2 a su favor cuando el partido no había superado los treinta minutos de juego. Con este tanteo se retiraron los equipos en el intermedio.
En los graderíos era grande el temor para una segunda parte que nos presentó a un Deportivo muy diferente, que salió como un equipo nuevo de los vestuarios en donde es fácil imaginarse a Lotina hablando con sus hombres, intentando convencerles de que la eliminatoria se había puesto difícil, pero no estaba sentenciada. Bastaría con un gol, solo con uno, para que renacieran las ilusiones, pues valdría para forzar una prórroga que se jugaría en casa.
Pero el Deportivo quería seguir y marcó, no uno sino dos goles, para establecer y aguantar hasta el final ese 2-2 que valió a Lotina y sus muchachos para seguir vivos en la Copa del Rey, torneo que, cuando ofrece partidos como el que comentamos, hace disfrutar al máximo a los seguidores del equipo que realiza una proeza como la vivida anoche en Riazor.